La estrategia de la UPN

Guillermo Cortés Domí[email protected]

¿Tiene definido un nuevo rumbo la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN), como parece indicar el lema “Con un nuevo norte” de la reciente asamblea conmemorativa de su 26 aniversario realizada exitosamente en Estelí con la participación de más de un centenar de periodistas? Más bien, el lema entraña una intención necesaria, un desafío que ya es una vieja cuenta pendiente para sus directivos y miembros.

En la amistosa, pujante y optimista Estelí fue creada una muy representativa comisión de periodistas que en tres meses deberá presentar una propuesta para hacer posible un largamente demandado fondo de previsión social, no obstante, sus intrépidos integrantes podrían dar palos de ciego porque el éxito de su trabajo requiere de manera ineludible de la definición de asuntos de fondo como: ¿Qué tipo de organización es la que realmente necesitamos los periodistas? Por lo que debemos cuestionarnos acerca de ¿qué somos? y ¿qué queremos ser?

¿Acaso hay un problema de identidad? Por supuesto, está en nuestro origen y antecedentes hace 26 años, es un lastre que venimos arrastrando como un condenado su bola de hierro al tobillo. La UPN surgió para contribuir al derrocamiento de la dictadura somocista; casi de la misma manera como, posteriormente, irrumpió la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN) para luchar contra la revolución sandinista. Es curioso que las dos organizaciones nacionales de periodistas –aparte del sindicato—, hayan adolecido en su origen de la vocación gremial que les debió haber sido propia.

Nacimos con fines políticos, lo cual no es malo, pero después del triunfo de la revolución sandinista la UPN no asumió su condición de organización gremial y más bien se convirtió en parte del aparato ideológico del partido. Quedamos colgados de la brocha con la derrota electoral de 1990 y durante casi 15 años hemos navegado en un mar de incertidumbres y pujas entre el partidismo, el gremialismo y el desorden y la apatía, con algunos breves raptos de inspiración.

Es extraño, pero casi tres décadas después la UPN tiene poca experiencia gremial, lo cual es como un abismo que la separa de la mayoría de los periodistas. Con algunas excepciones, sobre todo de Matagalpa y Masaya, la mayoría de los que fuimos a Estelí somos cuarentones y viejitos. ¿Dónde están los jóvenes? ¿Por qué un alto porcentaje de los periodistas no se siente atraído por UPN ni APN? Este divorcio lo conocemos todos desde hace mucho tiempo, pero no hemos podido dar una vuelta de calcetín que convierta a nuestras organizaciones en gremios verdaderamente atractivos por la multiplicidad de servicios y satisfacciones que nos ofrecen, que es lo que determina un vínculo permanente entre una estructura y sus miembros.

Los periodistas somos protagonistas de la paradoja de ser los más creíbles y confiables para la población, entre la soledad y el desconcierto que provocan los aspavientos de los caciques políticos y la generalizada falta de institucionalidad; y por otro lado, estamos divididos y sin un horizonte claro, como un barco sin puerto a donde llegar. Somos un reflejo de la Nicaragua fraccionada, confrontada, de caudillos embaucadores e irresponsables, que repetimos nuestros errores como en un eterno suplicio sin salida. Es imperativo cambiar.

Como toda organización, la UPN debe examinarse y definir “un nuevo norte”, desarrollar un concepto de organización gremial, identificar su misión, visión, objetivos y valores; y crear una estrategia con sus planes, programas y acciones. Y dentro de ello, un plan de previsión social.

El autor es periodista. Editor de la revista Medios y Mensajes.

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