Douglas Carcache
Las expresiones de asombro son frecuentes cada vez que los turistas salen del túnel del metro en la calle Marina y se topan con las torres de La Sagrada Familia, el contraste de lo antiguo sobre lo moderno en la ciudad de Barcelona.
Es el sello del arquitecto catalán Antonio Gaudí, a quien incluso han llegado a venerar como santo en el templo expiatorio de La Sagrada Familia que él comenzó a construir en 1883 y dejó inconcluso al morir, arrollado por un tranvía, en junio de 1926.
A 152 años de su nacimiento, Gaudí recibe un homenaje en Managua, en la Universidad de Ingeniería (UNI), donde los interesados en el arte y la arquitectura pueden apreciar fotografías de sus mejores obras.
Lo llaman el “maestro de la luz”, pero también el “arquitecto de Dios” porque entregó la mayor parte de su vida (43 años) a la construcción de la catedral de La Sagrada Familia, viviendo en la mendicidad.
Ese templo, donde está sepultado Gaudí, lo visitan turistas de todo el mundo; algunos le rezan al arquitecto y otros le atribuyen milagros con la esperanza de que algún día sea santificado.
Sus obras siguen siendo motivo de sorpresa, pero también de discusión entre los artistas. Además de La Sagrada Familia, construyó casas, palacios y un parque que le encargó el conde Eusebi Güell, su mecenas en la ciudad condal, Barcelona.
El periodista catalán Josep Pla escribió en su libro Grandes tipos que, durante la década de 1920, “Gaudí tenía una gran fama, pero su obra avanzaba en una gran polémica… Era objeto de crítica permanente… La mayor parte de los artistas, casi todos enamorados de la vida de París, estaban en contra de la obra de Gaudí. La mayoría se consideraba incompatible con la sensibilidad religiosa del arquitecto”.
Él siguió construyendo con lentitud La Sagrada Familia, recogiendo dinero de la caridad; mientras los promotores de la obra, la Asociación Josefina, le consideraban el ungido de Dios que haría el templo expiatorio y por eso nunca le pusieron obstáculos a su creación.
Luego, las interpretaciones sobre las arquitecturas han sido variadas. “La catedral de La Sagrada Familia de Barcelona es una catedral maya… Gaudí parece un maya…¡Estoy seguro! Gaudí era un indio maya que hablaba catalán”, dijo en una ocasión el arquitecto Oscar Tusquets.
El poeta Federico García Lorca opinó sobre la mansión La Pedrera que “Gaudí ha construido una casa siguiendo las formas del mar, representando las olas en un día de tempestad. No se trata de metáforas decepcionantes. Se trata de edificios reales, de una verdadera escultura”.
¿Qué pensaba el mismo Gaudí? Que “toda la excelencia de la arquitectura viene de la luz. La arquitectura es la ordenación de la luz; la escultura es el juego de la luz; la pintura, la reproducción de la luz por el color, que es la descomposición de la luz”.
Vale la pena, entonces, ver su luz en Nicaragua.