Siempre hay salida

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Siempre hay salida





La explicación de la crisis que está sufriendo el país actualmente es sencilla. Lo difícil es resolverla. En realidad, esta crisis se debe simplemente a que Daniel Ortega y su FSLN no quieren ceder la hegemonía que tienen sobre el Poder Judicial —porque de eso depende la conservación de la inmensa riqueza que les produjo la piñata—, y para conservarla son capaces de cualquier cosa.

Por eso es que quieren negociar o están negociando la libertad de Arnoldo Alemán, o su regreso a El Chile, a cambio de que los liberales del PLC renuncien a la Ley de Carrera Judicial y que avalen algunos fallos judiciales de los que el FSLN espera sacar pingües beneficios. Además, Ortega mantiene pendiente, como espada de Damocles sobre la cabeza del presidente Enrique Bolaños, el juicio por los delitos electorales a fin de tener al Gobierno sometido al chantaje político.

Por su parte, los liberales del PLC —más exactamente, los arnoldistas—, siguen subordinando toda su estrategia y acción política al objetivo de conseguir la libertad de Arnoldo Alemán, o al menos para lograr que los jueces sandinistas lo regresen a El Chile. Y con ese fin han hecho del proyecto de Ley de Carrera Judicial un instrumento de negociación politiquera.

Y la mayor desgracia para el país es que entre ambos partidos retrógrados y corruptos suman casi 80 diputados de los 91 que tiene la Asamblea Nacional. Y casi todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, así como los magistrados del Consejo Supremo Electoral y los miembros de la Contraloría General de la República, son de esa misma categoría.

De manera que, como ha dicho desenfadadamente uno de los magistrados arnoldistas, refiriéndose a la propuesta del presidente Bolaños de un acuerdo o “trato” para despartidarizar y adecentar los poderes del Estado: ¿cómo se le ocurre creer que ellos van a querer hacerse el harakiri, o sea renunciar a sus privilegios políticos y económicos y a los altos puestos públicos que usufructúan, para que los asuman otras personas, capaces, probas e independientes?

La historia universal demuestra que, en el pasado, situaciones como la que sufre actualmente Nicaragua sólo se podían resolver drásticamente, ante todo por medio de una revolución en cualesquiera de sus modalidades. Pero la verdad es que ya pasaron los tiempos de las revoluciones, además de que aquí ya las hubo, una liberal y otra marxista-sandinista, con sus correspondientes contrarrevoluciones, que empeoraron los problemas en vez de resolverlos.

Sin embargo eso no quiere decir que la crisis de ahora no tenga solución. No existe un solo problema político, social o económico —creado por la voluntad humana—, que no se pueda resolver.

Está claro que es imposible que haya en el país una nueva revolución, que de ser factible tendría que ser una revolución de la honestidad. Tampoco puede el presidente Bolaños deponer a los jerarcas de los poderes del Estado minados por la corrupción, porque más bien él podría terminar derrocado, como Daniel Ortega y los arnoldistas lo han amenazado en varias ocasiones.

Además, los problemas de la democracia sólo se pueden resolver de manera democrática. Y los medios fundamentales de la democracia para solventar los inevitables conflictos y crisis como la que afecta ahora a Nicaragua, son el diálogo y el acuerdo de interés recíproco.

Al respecto, la propuesta del presidente Bolaños se podría hacer viable, enriqueciéndola con las sugerencias de algunas personalidades políticas independientes; y así facilitar las condiciones para lograr un acuerdo intermedio, en el que cada una de las partes ceda y gane al mismo tiempo, pues nadie puede pretender que sea un acuerdo de suma cero.

Ningún sector político puede hacer que desaparezcan sus adversarios, por lo tanto están condenados a entenderse aún a pesar de ellos mismos. En las circunstancias actuales de Nicaragua sólo así puede avanzar el proceso democrático: con altos y bajos, con avances y retrocesos, con logros y reveses, con momentos luminosos y capítulos vergonzosos.

A pesar de todas las dificultades la democracia ha venido avanzando en Nicaragua, lo mismo que en todo el mundo. Y no hay que perder la esperanza en que no obstante los Ortega, Alemán y compañía, la democracia seguirá avanzando ahora y en el futuro.

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