La ciudadanía está muerta

Eduardo Enríquez

La ciudadanía nicaragüense está dormida y francamente no sé qué la puede despertar. Todas las encuestas que se realizan en el país coinciden en que la gente está harta de los políticos y la forma en que hacen política, pero no actúa para cambiar esa realidad, está paralizada, dormida, al punto que ahora ya ni siquiera actúa en defensa propia, cuando está siendo agredida directamente, como fue el caso de los seguros de vehículos esta semana.

Esta sociedad, que era muy viva y activa, está exhausta después de años de profundos traumas y decepciones, como la destrucción del corazón del país, una guerra de insurrección, una prolongada guerra civil; además sufrió un sistema totalitario por diez años y los desatinos de una democracia en pañales por otros 15.

Por eso considero que es hasta cierto punto comprensible que la ciudadanía sienta que no hay nada que hacer y que la perversidad de los políticos es inevitable, que forma parte de su destino. Eso se podría aplicar a los políticos y sus amarres y luchas de poder, que por muy nefasto que sea su efecto generalmente el ciudadano lo percibe de manera indirecta.

¿Cómo explicar sin embargo que esta ciudadanía ni siquiera reaccione ante la agresión que está siendo víctima de parte de los diputados y el gremio del transporte con este tema de los seguros? ¿Cómo no reaccionar ante una agresión que hoy tiene un efecto directo en los bolsillos de miles de personas?

Los transportistas, buses, taxis y carga, han presionado desde hace un año para no pagar el seguro obligatorio de daños a terceros. Se les dio una prórroga de un año —en la que se incluyeron todos los vehículos— precisamente para que se organizaran y pudieran enfrentar ese nuevo gasto. Pasó el año y ahora quieren seis meses más, lo que en realidad quieren es que se les exima del pago, y los diputados, que en cada grupo organizado ven “votos”, les conceden lo que demandan y dejan por fuera a la mayoría que sí tendrán que pagar ya, so pena de que les quiten el vehículo.

¿Dónde queda la igualdad ante la ley? ¿Cómo es posible que los que más accidentes causan y quienes precisamente perciben un ingreso por andar en las calles no paguen el seguro y al resto sí se nos aplique todo el peso de la ley?

Pero nadie dice nada, ahí van los ciudadanos como borregos, resignados a su destino, a pagar a sabiendas que están siendo tratados como de segunda clase, mientras los taxistas y buseros siguen atropellando gente, destruyendo vehículos y simplemente alegando que los daños que causen “no tienen con qué cubrirlos”.

Y mientras tanto esta sociedad no despierta, está dormida. Muerta está.

Así como la ciudadanía está yendo como un rebaño de borregos a pagar este seguro, a pesar del atropello así va a las urnas, maldiciendo a los políticos, a los caudillos y sus secuaces, con plena conciencia de que son sus principales verdugos, pero deposita su voto a favor de ellos.

Mientras esta sociedad continúe actuando como autómata, obedeciendo y resignándose a acatar y sufrir las decisiones de los caudillos y sus secuaces ubicados estratégicamente en las instituciones del Estado, no podrá quejarse de los resultados nefastos y mucho menos tener esperanzas de un cambio.

La única solución es que la sociedad despierte, reviva, exija sus derechos día a día y que el día de las elecciones barra con toda esa casta que tiene años de estar viviendo la dolce vita a costa de la gente. Sólo así van a cambiar las cosas.

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