Claudia Prócula

Luis Sánchez S.

Mel Gibson pone en un lugar destacado de su película La pasión de Cristo, a Claudia Prócula (o Procla), la mujer de Poncio Pilato:

La relevante presencia de la mujer de Pilato en el controversial filme de Gibson me hizo recordar que en octubre de 1994, estando en El Cairo, fui a visitar el barrio copto (los coptos son los cristianos egipcios) para ver la pequeña y desvencijada iglesia cristiana que hay allí, en el preciso lugar donde vivió la Sagrada Familia, cuando huyó a Egipto de la mortal persecución de Herodes.

Pues bien, en otro templo cristiano del humilde y marginado barrio copto de El Cairo, oí toda una misa en el rito y lenguaje de los coptos, y supe que ellos veneran a santa Claudia Prócula, la mujer de Pilato.

Como saben los que conocen la Biblia, a la mujer del célebre gobernador romano cuyo nombre figura en el Credo, se le menciona de manera fugaz, en unas líneas que parecen superpuestas, en el Evangelio de San Mateo: “Mientras Pilato estaba sentado en el tribunal su esposa mandó a decirle: ‘No te metas con ese hombre justo, porque anoche tuve un sueño horrible por causa suya’.” (Mt. 27.19)

Pero en la película de Mel Gibson, Claudia Prócula no sólo manda el recado al marido, según se consigna en el Evangelio citado, sino que durante la primera comparecencia de Jesús ante Poncio Pilato se coloca en una ventana, en lo alto del palacio, a la vista de su esposo que la mira de vez en cuando como queriendo aconsejarse o justificarse con ella. Aparece después conversando con Pilato sobre la verdad que, según le advierte, él nunca comprenderá. Se le vuelve a ver en la ventana, observando a Pilato, cuando éste se lava las manos y manda a flagelar a Jesús. Más adelante es presentada de manera relevante, en la escena de la limpieza del ensangrentado patio del pretorio, y finalmente sale otra vez en la ventana, cuando Pilato ordena la crucifixión y se lava las manos.

Algunas historias no bíblicas indican que Claudia Prócula adoptó la nueva fe y desempeñó un rol prominente en las primeras comunidades cristianas, y por eso las iglesias griega, etíope y copta la veneran como santa.

Al respecto en el libro del periodista e historiador italiano Vittorio Messori: ¿Padeció bajo Poncio Pilato? Una investigación sobre la Pasión y Muerte de Jesús (que me obsequió mi buen amigo, el padre René Grimaldi, de la comunidad del Opus Dei en Nicaragua), el autor recuerda que en la segunda carta a Timoteo, San Pablo le transmite saludos de varios hermanos prominentes, entre ellos Claudia, suponiéndose que ésta era precisamente la mujer de Pilato: Claudia Prócula o Procla.

Según otras versiones, el mismo Pilato se habría hecho cristiano, pero esta especie no está confirmada. En realidad, Pilato murió en el año 39, seis años después de la muerte de Jesucristo, en Vienne o Viena que formaba parte de las Galias.

Algunos historiadores sostienen que el mensaje de la mujer de Pilato citado en el Evangelio de San Mateo no ocurrió realmente, y que fue intercalado para beneficiar la imagen del procurador romano, a partir de que el cristianismo se convierte en religión oficial del imperio, a principios del siglo IV.

En realidad Poncio Pilato no era un funcionario romano vacilante, mucho menos humanitario. Él trató de romanizar por la fuerza a los judíos, los reprimió despiadadamente porque no renunciaban a su religión y una de sus diversiones preferidas era condenar a muerte por crucifixión a los judíos rebeldes. Fue precisamente por sus excesos que Vitelio, gobernador romano de Siria, destituyó a Pilato y lo desterró a Vienne, donde según unas versiones se habría suicidado y de acuerdo con otras se convertiría al cristianismo.

Más creíble resulta la presunción de que Claudia Prócula sí se cristianizó, y hasta alcanzó la santidad según se le venera en las iglesias copta, etíope y ortodoxa griega, cuyos fieles le rezan: “El Señor te tenga a su lado, Procla, el mismo que estuvo ante tu marido, Pilato. Amén”.

Editorial
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