Feddy Potoy R.
MADRID, ESPAÑA.— La bestia está herida, agitada y furiosa. Once días después del atentado del 11 de marzo en Madrid (11-M), el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, celebra el asesinato del líder espiritual y fundador de Hamas, el jeque Ahmed Yasín, quien no era un santo. En la semana del 11-M lo escribí y ahora lo reitero: el número 11 parece ser un número maldito en este tiempo.
El 11 de septiembre (11-S) Estados Unidos (EE. UU.) fue sacudido por los atentados terroristas de Al Qaeda; el 11-M, Madrid vivió su pesadilla, y 11 días después de lo de Madrid, Sharon agita la ira de quienes carcomidos por la venganza, han advertido que ahora hay que tomarse en serio las amenazas. Después del fin de la guerra fría, el terrorismo internacional tomó auge en los noventa y ahora lleva sus barbaries a ribetes indiscriminados y letales.
En América se ha visto como lejanas las encarnizadas batallas por credos religiosos, petróleo u ocupaciones de territorios, como ocurre entre Israel y Palestina. El terrorismo no sólo lo vive Irán, Siria, Irak, Libia, Sudán, Afganistán, Pakistán, Jerusalén, Gaza o Cisjordania, ahora lo siente en carne propia EE.UU., España y muy a mi pesar, la sangre de víctimas inocentes seguirá corriendo. Inglaterra, Francia, Italia, entre otros, están preocupados.
El terrorismo no hace alarde de tanques blindados, aviones de combate modernos, helicópteros “Apache”, buques de guerra, ni tecnología de última generación. Usa sus armas en silencio. Su fundamentalismo es su forma de propaganda y lo lleva como principio básico, pero es alimentado por actitudes tiranas de algunos jefes de Estado que prevalecen en la multipolar arena internacional.
Los seguidores de Yasín (señalado por EE.UU. de involucrarse en planes terroristas), han puesto un precio: la cabeza de Sharon y la seguridad de Israel. Los radicales estiman que con el asesinato de Yasín, Israel “ha abierto las puertas del infierno”. A todas luces parece un enorme desacierto la actitud de Sharon, cuando el mundo aún no se repone del aguijonazo en el corazón por lo de Madrid.
Aunque EE.UU. llama a la calma después de la muerte de Yasín, tampoco parece disgustarle que Sharon haya terminado con el líder de Hammas, pues el país más poderoso del mundo lleva meses luchando contra esta organización y sus fuentes de financiamiento. Yasín también tenía su “historial negro”, pero se debía combatir sin infringir el marco de la ley.
En Bruselas, los ministros de Exteriores de la Unión Europea, condenaron el asesinato de Yasín. El Vaticano lo calificó como “un acto de violencia que no tendría justificación en ningún Estado de Derecho”. También se pronunció en contra el secretario General de la ONU, Kofi Annan.
Y mientras Europa no consolida una política de seguridad unificada contra el terrorismo y después de las declaraciones de Condoleeza Rice, consejera para la Seguridad Nacional, del presidente George Bush, de que EE.UU., no recibió “ningún aviso previo” del ataque a Yasín, todo parece indicar que los ojos del terrorismo vuelven a Norteamérica porque se presume que Sharon no habría actuado sin la venia de Washington.