Ricardo Medina MacíasAIPE
CIUDAD DE MÉXICO.— refiero a los festejos de un cineasta cuyas películas a mí, la verdad, me provocan un gran aburrimiento. El 16 de marzo, el director de cine español Pedro Almodóvar anunció a su feligresía: “Hemos vuelto a la democracia, pero el precio ha sido muy alto”.
Se refería, desde luego, a la sorpresiva victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones del domingo 14. Supone el hacedor de películas que durante ocho años de gobierno del Partido Popular (PP), España y los españoles han vivido una noche oscura, antidemocrática, durante la cual no pudieron ser libres. Proclamó Almodóvar: “Ya podemos volver a ser nosotros mismos”.
Podría hacer muchos chistes fáciles sobre esta última sandez que ha dicho el director de cine, pero no vale la pena.
En los ocho años que a Almodóvar le parecen de modorra, oscuridad y silencio, España ha crecido como nunca, los españoles en promedio —y especialmente los de bajos ingresos— mejoraron notoriamente su nivel de vida; hubo tal libertad en España en esos años del gobierno de José María Aznar que todo el que quiso salió a la calle a gritarle lo que fuese al jefe de gobierno, con el pretexto del “no a la guerra”. El grupo Prisa —un imperio rayano en el monopolio en la prensa, la televisión abierta, la televisión de paga y la radio— de Jesús de Polanco, que le dicta la agenda a los adversarios del Partido Popular y que le mima sus resentimientos a Felipe “Rencor” González, prosperó a sus anchas, como nunca. Le pegó duro y a la cabeza, con total libertad y sin asomos de ética, hasta el último minuto, al gobierno de Aznar.
Por supuesto no hay que pedirle lógica y veracidad —ni poca, ni mucha— a las palabras de Almodóvar, porque éste habla “con el corazón en la mano”. Así son las sensibilidades progresistas.
El PSOE se fue del poder en 1996 podrido en corrupción. Hoy regresa aupado por las sensibilidades progresistas —como la de Almodóvar— que están dispuestas a pasar por alto esos detallitos de las grandes corruptelas del felipato a cambio de darle un castigo a la derecha y al tal Aznar. Las sensibilidades progresistas no le perdonan a Aznar que haya considerado lógico que un país que ha sufrido el flagelo del terrorismo durante más de 30 años, como España, se pusiera en primera fila en la lucha contra el terrorismo mundial.
Bien. Ya tienen a su futuro jefe de gobierno, es progre, es obsecuente a los diálogos y a los pactos con los terroristas de ETA, es socio político interesado de separatistas. Paladín, parece, de la metafísica del ombligo nacional.
El primer anuncio de este nuevo líder de las sensibilidades progresistas, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido que los soldados españoles en Irak van de regreso a casa. Osama y amigos se lo agradecen encarecidamente, lo mismo que los etarras.
Es oficial: el terrorismo sí funciona. Lo dicen Zapatero y Almodóvar.
El autor es analista político mexicano.
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