Edgard Rodríguez C.
Cuando se habla de gestas heroicas de los equipos nacionales, siempre vienen a nuestras mentes los recuerdos de aquel espectacular volantín que le dieron los Leones a la Serie Final de 1990, cuando los Dantos los tenían contra las tablas.
Iban atrás 0-3 en la serie y parecían listo para expirar. En lugar de eso, emergieron y con un aliento de tal magnitud, que le metieron cuatro juegos corridos a los Dantos ante el asombro de todos, hasta de ellos mismo, y se llevaron el título.
Eran los días en los que el bate de Henry Roa comenzaba a mostrar su dinamita y el de Ariel “Panal” Delgado estaba lejos de echar canas. Julio Medina estaba en su apogeo y Epifanio Pérez había tomado la estafeta dejada por Julio Moya.
El actual conjunto, es heredero de aquel legado. Bravo, combativo y porfiado. Su gran problema ha sido sobrevivir a tanto desangre. León inició sin Reymundo Leytón, quien fue suspendido por indisciplina, justo cuando evolucionaba.
Tampoco tuvo al principio a Eduardo Romero y a Aristides Sevilla, sancionados por la misma causa. Álvaro López inició con muchas intermitencias y Germán Espinoza no pudo alcanzar los niveles de eficacia que desarrolló el año pasado.
Aún así, avanzaron a los play offs después de una formidable reacción que le permitió retirar del camino al Bóer. Ese cierre de los Leones en esta temporada, fue algo fuera de serie. Nos atrapó a todos y sorprendió a expertos y profanos.
Sus dificultades se han agudizado por la salida de Sevilla, indiscutiblemente su principal brazo y quien cargó con el equipo el año pasado. Aristides es un lanzador diseñado para estos momentos de angustiante asfixiante y no se dispone de él.
Hay quienes consideran que eso tiene a los Leones desahuciados. Y quizá haya algo de eso, pero yo no me atrevería a subestimarlos, sino hasta que definitivamente no tengan ninguna opción matemática.
Estos Leones aún se mueven. Y mal heridos, podrían ser más peligrosos. En 1990, demostraron que hay muertos que hacen ruido. Y muecas. A este equipo, de peores huecos los hemos visto salir. Cuidado con ellos.