Credibilidad, “foto instantánea” y trayectoria

Eduardo Enríquez

Algunos de los columnistas colaboradores de LA PRENSA han escrito en la última semana sobre una supuesta “campaña” de este Diario contra el presidente Enrique Bolaños. Quienes consideran que tal campaña existe señalan como prueba el artículo “Oscuro financiamiento a campaña de Bolaños”, en el que LA PRENSA revela que una de las cuentas del ahora Presidente fue alimentada por los oscuros fondos de la Fundación Democrática Nicaragüense (FDN), que el ex presidente Arnoldo Alemán utilizó para lavar dinero.

Al respecto a mí me gustaría comentar sobre la forma en que trabajamos en la Redacción de este Diario. En LA PRENSA, tanto los propietarios como los que trabajamos aquí, estamos convencidos de que el mayor tesoro de un medio de comunicación es la credibilidad, y esa credibilidad se gana con la independencia que los lectores perciban a diario en nuestras informaciones y comentarios. La independencia es la base de nuestra credibilidad, no sólo como institución sino como individuos profesionales.

Dentro de esos parámetros, en la parte informativa se pretende trabajar con hechos. Hechos que no siempre se presentan con claridad, porque a menos que el periodista sea testigo ocular, tiene que recabarlos de segunda mano y ya para entonces vienen empañados por los intereses de quienes deciden hablar o presentar documentación sobre el tema. Generalmente lo que el periodista recibe es una versión de los hechos.

Aquí no tomamos a la ligera esa realidad con la que trabajamos todos los días y en la que no podemos negar, a veces tropezamos, porque somos independientes, no infalibles.

Es por eso que los hechos no siempre tienen que ser del agrado del periodista y ésa es la verdadera prueba de independencia que lleva a la credibilidad. Para el periodista en lo personal puede ser decepcionante descubrir que don Enrique y su gente han tenido —en el mejor de los casos— el poco tino de utilizar una cuenta infestada con lavado de dinero, pero es un hecho irrefutable que el periodista no puede ignorar, tampoco puede permitirse el lujo de atribuirlo a “una campaña” y no publicarlo, como sí lo puede hacer el lector y no leerlo o no creerlo. Otro lector de la misma noticia va a considerarla totalmente creíble.

Y el lector que hoy decide considerar esa noticia “una campaña de desprestigio” mañana le dará todo el crédito a otra que saldrá publicada por este mismo medio, pero que probablemente va a ser de su agrado o interés.

Lo que sucede es que un Diario que se respete a sí mismo no puede darse el lujo de pensar sólo como un determinado grupo de la sociedad, porque se debe a un inmenso y diverso grupo de lectores cuya credibilidad sólo se logra presentándoles la verdad día a día; porque ellos compran el Diario para conocer —como en una “foto instantánea”— la realidad de ese momento. En un determinado día puede gustarle o no “la foto”, pero con el tiempo se da cuenta que el problema no es de la foto, sino de la realidad. Y ahí es donde el fotógrafo se gana la credibilidad.

Este Diario lleva 78 años llevando esa “foto instantánea” a sus lectores, no hay duda que todos los días hay personas a las que no les gusta lo que ven en esa “foto”, pero lo peor que puede hacer un medio es limitarse a publicar sólo lo que va a “gustar” a determinado grupo, o a veces incluso a la mayoría. Ahí es cuando se pierde la credibilidad.

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