Urgencia de defender la institución familiar

Gloria Aguilar de Chamorro

Es evidente la necesidad de defender “la familia” como la institución más importante de la sociedad. El ser humano necesita una familia para llegar a ser en plenitud, en ella crece y por ella se perfecciona; es la familia el clima de su desenvolvimiento. Esa persona, el ser humano, necesita ayuda, no sólo en la infancia y en las necesidades físicas o de sus estudios, sino también, y sobre todo, en el criterio con el que él después dominará el mundo, orientará la ciencia, investigará e intervendrá en la vida de otras personas.

Un ejemplo claro de ataque contra las familias, explica Su Santidad Juan Pablo II, “es el intento de reducir el matrimonio a mero contrato individual de características muy diversas a las que son propias al matrimonio y de la familia y que terminan por degradarla, como si fuera una forma de asociación accesoria dentro del cuerpo social”.

Otro ejemplo es que en la Suprema Corte del Estado de Massachusetts se dictaminó que las parejas homosexuales tienen derecho a casarse, así como que en la ciudad de San Francisco se emitieron licencias de matrimonios homosexuales. Por lo cual el presidente George W. Bush dio su apoyo el pasado 24 de febrero a un proyecto de enmienda constitucional que prohibiría los matrimonios homosexuales. “Si queremos evitar que el significado de matrimonio cambie para siempre, nuestra nación debe promulgar una enmienda constitucional para proteger el matrimonio de Estados Unidos”, reclamó, una enmienda que “defina matrimonio como una unión de hombre y mujer, como marido y mujer”.

El informe anual sobre la situación del matrimonio en Estados Unidos hecho público el pasado junio por el National Marriage Project, de la Universidad Rutger, comenta la importancia de que “un sólido cuerpo de evidencias científico sociales indica que a los niños les va mejor cuando crecen con sus padres biológicos casados que mantienen una relación con pocos conflictos”. Un aspecto negativo del informe es que cada vez la relación de pareja es más independiente de la sociedad procreativa y parental. Asimismo la búsqueda de la felicidad personal como la principal función del matrimonio es, irónicamente, el aumento en los divorcios. Otro motivo de preocupación es que los hombres están cada vez más desenganchados de las tareas diarias de la crianza y manutencion. Se ha elevado la media de las edades de las novias a 31.9 años y de los hombres a 34.4 años y por último el hecho de la tendencia de las parejas a vivir juntas sigue aumentando.

No puedo dejar sin mencionar el apoyo a este proyecto específico de destrucción de la familia a organizaciones de peso mundial, la tan conocida ONU (Organización de las Naciones Unidas), la cual fue creada con el propósito de velar por los derechos humanos y ahora se atreve a ser la primera en financiar proyectos específicos para la destrucción de la familia. Un ejemplo de ello son los millones de dólares designados por el Fnuap para promover los abortos en China a las parejas con más de dos hijos, como medida de controlar el crecimiento de la población. ¿No es esto un atropello a cada una de esas familias a las cuales se les obligó a asesinar a uno o más de sus hijos?

Es de todos conocida la situación de las familias en países desarrollados, en donde el índice de crecimiento poblacional va disminuyendo, donde las personas mayores se encuentran sin hijos o parientes que velen por ellos y, peor aún, son un estorbo físico y económico para sus sociedades, con lo cual la decisión más salomónica ha sido legalizar la eutanasia. En contraste podemos ver que en nuestros países todavía existen abuelos en casa, tíos, primos o parientes, donde siempre hay alguien a quien querer, a quien cuidar, con quien compartir alegrías y tristezas, alguien por quien vivir.

O nos movemos por defender nuestros valores tradicionales de familia y mantener una fuerte estructura familiar que nos permita hacer de nuestros hijos personas íntegras, de recto criterio, de insobornable rectitud ética, o ellos mismos —con la ciencia y la técnica que hemos hecho posible que desarrollen—, destruirán la humanidad y a nosotros mismos.

La autora es esposa y madre de familia.

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