Luis Sánchez S.
Cada año, a mediados de marzo, los antiguos romanos celebraban la fiesta de Anna Perenna, la diosa del tiempo, cuyo santuario se encontraba en un bosque sagrado de la Vía Flaminia, junto al río Tíber, al norte de Roma.
Perenne se dice ahora de lo que no termina nunca, lo eterno. Y perenne viene de Perenna (Anna), la divinidad que los romanos imaginaban como una anciana que simbolizaba la perennidad.
Según algunos investigadores el nombre de Anna Perenna tiene que ver con el legendario río que pasa por Roma, ya que amnis perennis quiere decir caudal eterno. Sin embargo, otros expertos aseguran que la etimología de Anna Perenna se deriva de los conceptos latinos annare, que significa pasar el año, y perennare, cuyo significado es durar eternamente.
Esta segunda interpretación parece ser la correcta, o la más aproximada a la verdad, pues la fiesta de Anna Perenna se celebraba durante los Idus de marzo, que era el primer mes del año antiguo, cuando se hacían festividades muy alegres, propias de las celebraciones de Año Nuevo que se hacen en todas partes del mundo, desde tiempos inmemoriales. Y Anna Perenna era reconocida como la diosa del año, en el sentido de su renovación permanente y, por lo tanto, de su eterna duración, su perennidad.
También se ha interpretado que Anna sería un hipocorístico (sobrenombre de sentido cariñoso, como “Chayito”, de Rosario) de anus, o sea anciana, ya que aquella diosa era representada como tal.
Según la leyenda, la diosa Anna Perenna fue la protectora de los plebeyos, cuando su épica lucha contra los patricios. Al ser derrotados, los plebeyos se replegaron al Monte Aventino donde Anna Perenna les preparaba tortas todos los días para que no murieran de hambre. Por eso es que hasta ahora en algunos pueblos de Europa se celebra la llegada de la Primavera, preparando y comiendo unas exquisitas tortas rituales.
La versión histórica es que como el santuario de Anna Perenna se encontraba fuera de la ciudad, en el bosque, los plebeyos la tomaron como su diosa patronal, en contraposición a los patricios que eran protegidos por los dioses tradicionales, cuyos templos estaban dentro de Roma.
Otra versión legendaria sobre Anna Perenna asegura que ésta habría sido hermana de Dido (Elisa) y de Pigmalion (no confundirlo con el escultor cretense que se enamoró y dio vida a una de sus estatuas), el rey de Tiro que mató a su cuñado Siqueo, esposo de Dido, para robarle los tesoros del templo Melqart. Pero Dido huyó llevándose el tesoro y se fue a fundar la espléndida ciudad de Cartago.
Anna acompañó a su hermana Dido, pero al morir ésta se marchó de Cartago y después de muchas vicisitudes fue a parar al Lacio, donde la encontró Eneas, el héroe troyano hijo de Afrodita, quien la llevó a su casa. Sin embargo la esposa de Eneas, Lavinia, entró en celos y Anna tuvo que huir de nuevo, hasta que el río divino Numicio se enamoró de ella y la convirtió en Ninfa de los ríos. Esa transformación explica el sobrenombre de Perenna, o sea inmortal, y las fiestas anuales en su honor habrían sido para conmemorar su divinización.
Una última y simpática leyenda sobre Anna Perenna es la de que habiéndose enamorado Marte de Minerva, ésta lo desdeñó. Entonces Anna Perenna se hizo pasar por la joven y bellísima Minerva y llamó a Marte para que se acostara con ella… sólo para burlarse del arrogante dios bélico, al descubrirle su senectud detrás del velo que le cubría cuerpo y rostro.