Francisco Jarquín S.
En el futbol al igual que en el mercado, muchas cosas se valoran de acuerdo a los términos de la oferta y la demanda. Y no me refiero precisamente a la compra y venta de jugadores entre equipos, algo que es evidente y hasta necesario.
No, sino a lo que se tiene que ofrecer para un simple partido de fogueo, sobre todo si se trata de negociar con un club del nivel de Colombia, Estados Unidos, México, Honduras y otros tantos de esa orbe futbolística.
Por ejemplo, el otro día me enteré que para Honduras conseguir un amistoso con Colombia en Honduras, le tuvo que dar a los sudamericanos los boletos, la estadía con hotel, alimentación y transporte incluido y además la cuantiosa suma de 35 mil dólares.
La parada aumenta si las letras cuando se juntan forman la palabra: México, que llega a cobrar hasta 100 mil dólares por mover a su selección a otro país o Estados Unidos, que cuando no llega a salir para cobrar otra una cantidad de cinco dígitos, valora cuán vendible es el equipo al que se van a medir, para ofrecerlos a sus televisoras nacionales.
Y claro, cuando se tiene un nivel futbolístico poco competitivo como el nuestro y para colmo no se puede ofrecer más allá que pagar los gastos de estadía en el caso de recibir a un club, las posibilidades de conseguir un partido en el bursátil mundo del futbol son muy precarias.
Todo funciona bajo las frases: dime cuánto ofreces y te diré si juegas, o cuánto nivel tienes y te diré si vendes. Todo por su majestad don dinero, pues quien lo suena es el que juega primero.