Causa de un retraso teatral

León Núñez

Lo primero que hice el pasado fin de semana al llegar a Acoyapa fue visitar a los amigos que me prometieron “teatralizar” los cambios que, según ellos, afectaron la personalidad del ingeniero Enrique Bolaños a partir de la fecha en que Arnoldo Alemán fue privado de su inmunidad parlamentaria.

Me dijeron que todavía no podían cumplir su promesa, porque hasta última hora se percataron de que no era posible que los actores en tan poco tiempo pudieran ensayar debidamente su papel, principalmente el actor que va a representar el papel de don Enrique, que es el papel más difícil de representar porque, según mis paisanos, en la escenificación de esta inédita obra de teatro la caracterización del Presidente de la República es la que requiere de mayores esfuerzos artísticos de interpretación.

Por las razones expuestas, mis coterráneos me expresaron que los cambios sufridos por don Enrique los iban a poner en escena hasta en los últimos días del próximo mes de abril, y que mientras tanto pensaban organizar, a la manera de las antiguas “peñas” literarias de Madrid, una especie de “club intelectual” que viniera a llenar el enorme vacío dejado por el antiguo grupo de analistas políticos de Acoyapa.

Por otra parte, me informaron que a la par de las actividades teatrales que va a llevar a cabo la “peña” iban a continuar con el “estilo” de la “línea crítica” creada por los ex analistas políticos de Acoyapa, pero profundizando los análisis “microbiológicos” de la podredumbre moral y partitocrática en que está sumido este país. A continuación me pidieron que aceptara el cargo de portavoz de la “peña” y que publicara periódicamente en La PRENSA los resultados de sus análisis.

Ahora bien, ante la pregunta de que por qué querían que yo fuera el portavoz de la “peña” me contestaron que ellos creían que yo era la persona ideal para el ejercicio de este cargo —que yo era una persona sin ataduras— en primer lugar, porque yo no era empleado público, ni pretendía volver a serlo; en segundo lugar, porque yo no era ni sería nunca militante ni colaborador de ningún partido político; en tercer lugar, porque yo no tenía importantes intereses económicos —ni limpios ni sucios— que defender, y en cuarto lugar, porque desde que regresé del exilio en 1990 había perdido el miedo.

Yo les agradecí a los futuros miembros de la peña “El Bejuco” la distinción que me hicieron al ofrecerme el cargo de portavoz, y les manifesté que me gustaría aceptarlo, pero que el ejercicio de esa función quizás me iba a causar problemas más graves que los que había tenido cuando fui portavoz de los antiguos analistas políticos de Acoyapa, cuyos estudios y descubrimientos siempre fueron desacertadamente atribuidos a mi persona. Por ejemplo, fueron los analistas políticos de Acoyapa los que hicieron el descubrimiento del pescuezo más flexible del liberalismo. Sin embargo, por haber hecho público este descubrimiento —un descubrimiento que no fue mío— terminé siendo yo el “chancho de la fiesta”.

Les pedí que me dejaran pensar sobre ese ofrecimiento, pero les hice saber que si aceptaba el cargo lo haría bajo la condición de que a las reuniones de la “peña” a celebrarse todos los fines de semana en Acoyapa se me permitiera asistir acompañado de dos testigos de Managua, para así poder probar que la “peña” existe y que el resultado de los análisis que yo fuera publicando en LA PRENSA era obra de los miembros de la “peña” y no ficciones de mi cerebro.

En vista de que en Acoyapa los intelectuales se suelen retrasar en el cumplimiento de sus promesas —la representación teatral del diálogo entre el doctor Rizo y el médico de don Enrique tuvo un atraso de seis meses— les solicité que antes que yo tomara una decisión rechazando o aceptando el cargo de portavoz de la “peña” hicieran la representación escénica de los cambios que ellos habían observado en el comportamiento del ingeniero Bolaños, cambios que para Luis Sánchez Sancho no tienen nada de extraño, que son normales, porque según él no ha existido en el mundo ningún hombre que haya seguido “siendo el mismo” después de habérsele puesto la Banda Presidencial y tocado el Himno Nacional.

Debo destacar que invitaré a esta “función teatral” para que me sirvan de testigos solamente a personas que sean conocedoras del teatro antiguo, moderno y contemporáneo, porque son ellas las que saben mejor que nadie la estrechísima vinculación que existe entre el apasionante fenómeno del poder —los cambios que produce— y el género dramático.

Conscientes de esta vinculación, los intelectuales de la peña “El Bejuco”, tal vez primeramente influenciados por los antiguos griegos, después por Shakespeare y modernamente por Brecht, Sartre, Camus, Arthur Miller, Peter Weiss, Buero Vallejo, etc., van a utilizar el arte teatral cuando se ocupen de la dinámica fenomenológica de la política, reviviendo en la escena todas sus manifestaciones, entre las cuales está la transformación de la personalidad del hombre que llega a conquistar el poder.

El autor es escritor y abogado.

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