Innovación: ¿mito o realidad?

Abel Reyes Barreda

El desarrollo del ser humano está vinculado al progreso de la ciencia y tecnología, facilitándole las tareas diarias, las relaciones interpersonales y ayudando en el nacimiento de las innovaciones. ¿Será que realmente ya se han generado todas las innovaciones posibles en la vida de la humanidad? Hay quienes afirman que hoy día solamente se logra una aglomeración inteligente de elementos ya conocidos, para crear productos o servicios que adquieren un carácter innovador, es decir, algo que soluciona un problema de forma novedosa y mejorada. Sin embargo, se debe entender que lo importante de la innovación, no solamente es el resultado final, sino el conocimiento y proceso utilizado para su creación.

Entonces, ¿habrá en Nicaragua personas capaces de desarrollar innovación? Por supuesto que sí. Esta capacidad no está reservada para grandes corporaciones o personalidades del renacimiento; los innovadores están dispersos en todo el territorio nacional, realizando innovaciones en su vida diaria: el cómo sacar adelante sus trabajos, sus expectativas corporativas y personales. Un reto para la sociedad actual es medir el nivel de innovación real, dato que revelaría el nivel de iniciativas ingeniosas, y daría pautas para orientar recursos y esfuerzos hacia sectores con potencial desarrollo que incremente el bienestar económico y social del individuo.

La necesidad de una medición nos lleva a introducir el tema de los indicadores de innovación, los cuales darán una valoración cuantitativa del nivel de desarrollo tecnológico existente; reduciendo la incertidumbre al momento de formular una política nacional de ciencia y tecnología, acorde a las necesidades actuales y futuras de nuestra nación.

Una complejidad cada vez más evidente, es comparar las innovaciones nacionales con innovaciones internacionales. La innovación tecnológica de productos y procesos, clasifica la innovación en tres niveles: la innovación en la empresa, innovación regional e innovación de carácter mundial.

Existen dos elementos fundamentales para lograr una innovación efectiva: el conocimiento y el motor de la innovación. El primero es la base del saber, brinda la información necesaria para formular nuevas formas de trabajo y sustentar las metodologías implementadas para la innovación. El segundo es el generador de la innovación, y se enfoca a la forma de actuar y entender pro-activa e ingeniosa del ser humano. Así como afirmó Confucio, “lo esencial del conocimiento, es que habiéndolo adquirido, podamos aplicarlo”.

Existen diversas iniciativas empresariales, universitarias y eventos promovidos por agrupaciones sectoriales, que han aportado logros significativos en la promoción e incentivo de la innovación. Estos logros seguirán impactando más, a los actores nacionales, gracias a la coordinación de las entidades promotoras, unificando esfuerzos y reduciendo el malgasto de recursos.

El Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología (Conicyt) y el programa de Innovación para el Desarrollo y la Cooperación Sur-Sur (IDEASS-PNUD) organizan la primera edición del Premio Nacional a la Innovación para el Desarrollo, donde se convocará a toda persona natural o jurídica a presentar sus innovaciones. Esta acción busca incentivar la excelencia y apoyar la divulgación y cooperación entre proyectos innovadores.

Finalmente, debemos recalcar que el modelo innovador y emprendedor debe ser parte del sistema académico, formando profesionales/ empresarios, generadores de empleos.

El autor es Director de Investigación, Desarrollo e Innovación del Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí