Roger Fischer S.
Mi afición por el teatro se inició a mis ocho cortos años, cuando debuté como el hijo del patrón en Allá en el rancho grande, obra que se montó en el Teatro Municipal de León por la compañía de Paco García. No me escogieron precisamente por mis dotes artísticos, sino por ser el único niño en la metrópoli que tenía un traje de charro al mejor estilo mexicano. Mi parlamento fue breve, ya que sólo alcanzaba a decir: “No llores José Francisco, tu mamá se va a curar”. Por razones del destino, ahora ocupo la Secretaría del Teatro Nacional Rubén Darío, como representante del Banco Central de Nicaragua, y mi papel es buscar junto a los otros directores la solución a los problemas agobiantes, como el costo de la energía eléctrica que consume el teatro.
Historiando sobre teatro, fue la intelectualidad leonesa la que logró la realización del Teatro Municipal construido por el tico Luis Cruz. En la colocación de la primera piedra en 1884, Rubén Darío entonces adolescente, dio lectura a su poema: El arte.
Los granadinos cultos e inteligentes no se quedaron atrás y decidieron construir el Teatro de Granada, junto a la Plazoleta de Los Leones, financiado por Santiago Morales y Joaquín Zavala. Otros teatros famosos ya en Managua, fueron el Teatro Castaño, construido por los ancestros de Bayardo Arce Castaño, situado al costado sur del Palacio Nacional y el Teatro Variedades, que quedaba en el área norte de las ruinas de la Catedral capitalina. Ese edificio de taquezal y tres pisos, duró 25 años y tenía un palco presidencial donde se sentaron: José Santos Zelaya, Emiliano Chamorro, Adolfo Díaz, Diego Manuel Chamorro y José María Moncada. También se construyeron en Managua los teatros llamados: Las Brisas y el Italia, hasta que el Terremoto de 1931 terminó con aquella infraestructura provinciana.
El Teatro Nacional Rubén Darío se inició bajo el auspicio de doña Hope Portocarrero de Somoza y la presencia de Amelia Ulvert de Tramonti, Alfonso Ortega Urbina, el sacerdote-poeta Ángel Martínez y el economista Francisco Lainez, creándose una directiva provisional a través del Instituto Pro Arte Rubén Darío. Ahí estaban también Gonzalo Meneses Ocón, el padre León Pallais, Salvador Cardenal, Carlos Mántica, Eduardo Chamorro Coronel y el arquitecto Julio Cardenal, entre otros. Siendo presidente René Schick, se inició la obra hasta culminar en el gobierno del general Anastasio Somoza Debayle. Bajo la denominación de la Sociedad Pro Arte Rubén Darío, se constituyó la primera junta directiva compuesta por Antonio Mora Rostrán, Leandro Marín Abaunza, Daniel Tapia Mercado, Ernesto Fernández Holmann, José Francisco Terán y la señora Adela Pellas de Solórzano.
Por nuestro teatro han pasado figuras de renombre internacional como Duke Ellington, Los Niños Cantores de Viena, el Ballet Bolshoi, el Ballet Nacional de Cuba, Mercedes Soza, Paco de Lucía, el Ballet Moderno de Nueva York, el Ballet de la India, el Ballet Stanislavsky, el pianista Raul Diblasio, Paloma San Basilio, Joan Manuel Serrat, Armando Manzanero, Raphael, el Teatro Negro de Praga y tantos otros artistas y conjuntos de gran cartel. Curiosamente las obras de teatro no han sido parte principal del menú ofrecido, quizás por el alto costo de su montaje y lo precario del presupuesto.
Poner en escena una obra de teatro requiere de un presupuesto elevado y de una ejecución continuada de los artistas y directores para ofrecer la calidad que el Teatro Nacional Rubén Darío requiere.
Algunos amigos me decían en tono jocoso que quizás la ausencia de grandes obras dentro del teatro se debe a la competencia que ejerce la política criolla que a diario nos presenta un espectáculo diferente a veces llamado El pacto, otra El repacto… o La amnistía… La constituyente… además de La piñata, La huaca y tantas obras de la tragicomedia nicaragüense.
En el XXXV aniversario de la fundación del Teatro Nacional Rubén Darío se ha establecido un programa que durará desde ahora hasta la culminación en diciembre, con una presentación que dejará huella en la memoria de los habituales a nuestra magna sala de artes.
El autor es publicista.