Reflexionar y actuar para cambiar

Jaime Castro Blandino

No se puede ignorar lo que le pasó al señor Carlos Guadamuz. Todos estamos sujetos a las reglas de la vida y la muerte, pero nadie puede por ningún motivo privarnos de vivir, sólo el Señor. Por eso, desde cualquier punto de vista es deplorable y condenable que alguien se sienta con el poder de decidir hasta cuándo podemos seguir respirando, conviviendo y compartiendo con los seres queridos nuestro triunfos y derrotas.

Como persona joven me da mucha tristeza que en Nicaragua ocurran hechos de esta naturaleza, aberrantes y sanguinarios. Es necesario elevar nuestra voz, hacernos escuchar y luchar por erradicar la violencia, poniéndole un alto a lo que puede comenzar con esta muerte innecesaria, pues aunque sabemos que esto puede ser un punto de partida no sabemos cómo puede terminar.

Nuestra responsabilidad con el futuro es heredar un país seguro, en el que se respeten las libertades y las ideas se contrapongan con más ideas, no con disparos. La sana discusión y argumentación es la base del diálogo y éste representa la salida a muchos problemas, pues discutiendo se encuentran mejores soluciones.

Sobre todo no podemos obviar el hecho de que se ataca a comunicadores o periodistas —el término no importa— que hacen su trabajo de la mejor manera posible y sobre todo planteando su punto de vista, que aunque no siempre sea acertado la libertad consiste precisamente en poder hacerlo.

Sea como sea, una familia más se ha enlutado y sumido en el dolor. Y aunque no son los únicos en el suelo patrio la infamia que ha cubierto este crimen nos ha dejado una huella imborrable. Debemos entonces reflexionar sobre los hechos, contabilizar las consecuencias de los actos y lo que nos depara el futuro, porque el entorno se vuelve cada vez más hostil y, como ya sabemos, violencia engendra violencia.

Aunque las voces que se han hecho escuchar han adelantado inestabilidad, gracias a Dios no se ha presentado. Y confío y en que así siga. Y aunque sólo el tiempo tiene la última palabra en todo, espero que no sea un mal presagio la tensa calma que nos envuelve.

Toda esta discusión me lleva a pensar que somos muchos los que queremos cambiar las cosas y muy pocos lo proponen. Yo soy uno de los pocos o de los muchos pero en todo caso uno más de los que piensan y actúan buscando ese cambio anhelado por todos, en especial por los jóvenes.

Se necesita justicia, eso no se puede dudar, pero por sobre todo hace falta un cambio estructural e institucional profundo, así como en ideas, conceptos y en personas; un cambio que lleve a una situación a la nación entera, para lo cual es necesario el aporte de todos. Poniendo todos de nuestra parte se puede lograr.

El autor es Directivo de la Juventud Conservadora.

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