Schröder y Bush

Freddy Potoy Rosales [email protected]

MADRID, ESPAÑA.— La tercera visita desde diciembre pasado a Norteamérica y la segunda que incluía conversaciones privadas entre el canciller alemán Gerhard Schröder y el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha dejado grandes expectativas para encontrar una salida a las diferencias de la paridad euro-dólar que actualmente preocupa al país más poderoso de la tierra y a los Estados miembros de la Unión Europea.

Schröder la semana pasada, antes del encuentro con Bush, en una entrevista publicada simultáneamente en el periódico Expansión, en España y en el británico Financial Times, el canciller alemán instaba a Estados Unidos y Europa a intervenir de forma conjunta para estabilizar la paridad euro-dólar porque “el actual tipo de cambio no es satisfactorio, al menos para los europeos”.

El encuentro entre Schröder y Bush esta semana no sólo generaba mucho interés por el asunto de la paridad euro-dólar, sino también porque se trataba de restablecer las deterioradas relaciones bilaterales a raíz de la falta de apoyo de Alemania a Estados Unidos en la guerra contra Irak.

Bush está en una situación difícil por todas las críticas sobrevenidas de distintos sectores, incluyendo, por supuesto, a los demócratas de su país. Pero además, tiene enfrente las consecuencias de la guerra en Irak y el mal momento que atraviesa la solidez del dólar a nivel mundial, justo en el año en que se decidirá quién será el próximo mandatario de Estados Unidos.

Por eso no hay que perder de vista que en medio de este contexto, Schröder visita a Bush para acordar soluciones al asunto del euro-dólar, pero además, el alemán estima que su país está preparado para apoyar un acuerdo que condone una cantidad importante de la deuda a Irak y formar a miembros de la policía iraquí, pero se opone a enviar tropas a ese país del Medio Oriente.

Por eso es importante que en países como los de América Latina se aborde en su justa dimensión y tomando en cuenta varias aristas del mismo problema, el asunto de la paridad euro-dólar. Lo que afecte a Estados Unidos y Europa, nos guste o no, tiene efectos muy negativos para las naciones menos desarrolladas, por tanto, los economistas no se deben limitar a expresar triunfalismos efímeros o concentrarse en argumentos superfluos o periféricos a una realidad más concreta que es la economía de los más grandes y sus repercusiones en los más pequeños.

No es justo ilusionar a la gente con que el euro rinde más y que la bajada del dólar nos beneficia. En este tema deben ser más serios los entendidos en la materia, tal como lo exponen los economistas europeos y norteamericanos.

Me resulta ilógico pensar que en los países pobres debemos alegrarnos cuando el euro experimenta escaladas desproporcionadas respecto a la estabilidad mundial que debe existir, cuando las autoridades del Banco Central Europeo (BCE) desde el año pasado insisten en encontrar una solución a este asunto. Así que no veo dónde estaría el beneficio para países como Nicaragua que suba el euro y baje el dólar.

Quienes han vivido en Europa saben del nivel de vida en estos países, y lo que estas naciones compren o vendan al resto del mundo, será proporcionalmente caro o barato, según la solidez o debilidad de la moneda.

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