Bluefields: cultura e identidad

Guillermo Rothschuh Villanueva

Existen dos propuestas bien planteadas en los cuatro trabajos ganadores del certamen Premio Nacional de la Excelencia en Periodismo, Un siglo de la ciudad de Bluefields: el aporte que puede hacer el periodismo cultural en la configuración identitaria de un pueblo y la aproximación que pueden propiciar entre la Nicaragua invertebrada: la Costa Caribe nicaragüense y el resto del país. Tal vez éstos sean para mí los méritos indiscutibles que ponen en perspectiva los periodistas ganadores del certamen.

La recreación de su historia, su riqueza pluricultural y multiétnica, los diferentes avatares que implican vivir un siglo, la recreación histórica del Palo de Mayo, los orígenes del nombre de la ciudad, las huellas imperecederas de los chinos en el desarrollo del comercio local, la presentación de mapas que no sólo muestran su geografía, sino que son documentos históricos invaluables para conocer en la distancia el itinerario de su destino como región, el aporte de las misiones cristianas en el desarrollo educativo de Bluefields, los orígenes del beisbol y el temperamento de sus pobladores, que han reconstruido la ciudad en dos ocasiones, la primera debido al gran incendio ocurrido el 4 de enero de 1970 y la segunda cuando el huracán Juana azotó la ciudad, el 22 de octubre de 1988. Todos los trabajos premiados nos ponen frente a una historia fascinante, llena de una enorme intensidad cuya recuperación y apropiación hacen posible Roberto Sánchez Ramírez, Roberto Orozco, Hugo Sujo Wilson, Sergio León (Diario LA PRENSA); Dennis Williamson, Lydia Calero Silva, Dominga Tijerino Pérez, Lilliam López Palacios (CIDCA-UCA); Grace González (Canal 2) y Suyén Cortez Rojas (Radio Maranhata)

Vernos a través de estos diversos espejos para reconocer las líneas que demarcan el rostro y el talante de una ciudad que no deja de soñar en una auténtica integración al resto del país, para restituir a la nación esa vasta porción del territorio que a las alturas del siglo XXI todavía nos ve con cierta desconfianza. Cuatro trabajos periodísticos cuya gran lección consiste en aproximar a nuestros ojos la tierna y dulce argamasa de la que está hecha una ciudad que aspira más que a la modernidad a ser vista con otros ojos. Una ciudad que sueña con un trato más equitativo y digno. Son las aspiraciones de un nuevo trato lo que expresan los cuatro trabajos premiados. La riqueza de los cuatro trabajos ganadores radica en el llamado a establecer otras reglas del juego donde la expoliación de las riquezas del Caribe sólo en provecho del interior del país deje de ser norma de gobierno, al poner en escena un siglo de vida de una ciudad cargada de historia, preñada de bailes y saturada de cantos.

Con una ciudad con la que se ha tenido una relación a medias por falta de una comunicación más fluida, el esfuerzo del Gobierno Central de Bolaños debe ser mayor, para completar la empresa histórica iniciada hace un siglo por José Santos Zelaya y que no culminará hasta que diversas rutas comuniquen de manera permanente al Pacífico con la Costa Caribe nicaragüense. Entonces las suspicacias comenzarán a desaparecer y el diálogo fructífero e inevitable entre la Nicaragua invertebrada será posible. Para eso hacía falta poner en perspectiva estos dilemas como lo hace ahora el periodismo nacional. Propiciar el acercamiento entre estas dos franjas territoriales y humanas es un reto y un desafío de todos. Emprender sin demoras esta tarea es responsabilidad del Gobierno Central.

Ojalá la suma de todas estas demandas sea una pronta realidad. Cualquier retraso en la asunción de esta tarea sería agregar una cuota más de desconfianza hacia una zona privilegiada de nuestra geografía que merece un mejor trato de parte de los gobernantes y una mayor comprensión de parte de los gobernados. Los trabajos premiados poseen el encanto de mostrarnos lo diverso que somos, tal vez para recordarnos que en el presente lo que importa en relación con los Derechos Humanos son las diferencias de la que está hecha la humanidad, como lo acredita Fernando Savater. Hasta entonces y no antes Nicaragua será única e indivisible. Lo demás, Moisés, solo sería un canto.

El autor es decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA.

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