Fernando Centeno Chiong*
El primero de marzo se conmemora el día nacional del periodista en homenaje a Rigoberto Cabezas, fundador hace 120 años del primer diario en Nicaragua. Antes de él, las publicaciones periodísticas eran semanales, mensuales, bimensuales o cuando se podían, por lo que en aquella época, fundar un diario constituyó una verdadera hazaña para el prócer, como lo fue también, dejando la pluma por el fúsil, la que encabezó diez años después con la reincorporación del territorio de La Mosquitia durante la revolución de Zelaya.
Murió igual que muchos héroes de nuestra historia: pobres, retirados y sin muchos honores sorprendiéndolo la parca, como dice uno de sus biógrafos,“ pastando ganado y recogiendo leche”. Desafortunadamente su vida y obra periodística no ha sido debidamente estudiada, y quizás desconocida por los estudiantes y noveles oficiantes del gremio que hoy estamos celebrando, quizás por la inercia de nuestras organizaciones periodísticas.
Un día como hoy, también hay que recordar y estudiar, al periodista nicaragüense más destacado a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, como lo fue Rubén Darío, quien laboró, fundó, editó, colaboró y dirigió más de 100 publicaciones en Centroamérica, América del Sur, el Caribe, Estados Unidos y Europa.
Darío, periodista de profesión y vocación, al referirse a la misión del periodista afirmó que, “el escritor como el periodista deben ser brillantes soldados del derecho, defensores y paladines de la justicia. Son gloriosas esas grandes luchas de la prensa que dan por resultado el triunfo de una buena causa y la victoria de una alta idea”.
Cien años después, esta misión continúa vigente, porque los enemigos son los mismos, a pesar de los avances y desarrollo tecnológico que nos separan de la época que le tocó vivir al panida, el cual se sentía muy orgulloso del oficio escogido.
En su discurso de despedida a sus amigos de La Nación de Buenos Aires, en el último periplo de su efímera vida, les dijo con mucho orgullo y satisfacción: “El apadrinamiento de este diario queda en mí con un título superior. Conservo y estimo el rango de redactor sobre cualquier título oficial o de notoriedad pasajera”.
Si Darío no hubiera muerto a sus 49 años, nos habría legado a los periodistas de hoy, una historia más amplia contada por él mismo como García Márquez lo ha hecho en Vivir para contarlo y que constituye una obra que ningún periodista debería dejar de leer, así como también un sinnúmero de artículos, hermosos y alentadores sobre esta profesión.
Para García Márquez “el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad… Nadie que no haya nacido para eso, y esté dispuesto a morir en eso, podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz…”
Con las anteriores reflexiones habría que sugerir a nuestras actuales organizaciones periodísticas y sus dirigentes, preocuparse más por divulgar el heroísmo de Rigoberto Cabezas, o el legado de Rubén para fortalecer, promover y resaltar lo que García Márquez bien definió como “ el mejor oficio del mundo”, sobre todo en momentos en que el gremio está pasando por situaciones difíciles tanto económicas como sociales y políticas para cumplir, lo que continúa siendo la difícil y controversial misión del periodista.
* El autor en periodista
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