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El regreso de los héroes
En la antigüedad clásica, griega y romana, los héroes eran personajes excepcionales engendrados por un dios o diosa y un ser humano. Y la gente les atribuía acciones extraordinarias, como la fundación de una poderosa ciudad, la realización de hazañas fabulosas, la creación de una estirpe, etc. Y en la historia bíblica, “los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y tuvieron hijos de ellas. Éstos fueron los héroes de la antigüedad, los hombres famosos”. (Génesis 6.4.)
Pero ahora los héroes son personas sencillas a quienes se les admira porque hicieron algo que requería mucha valentía, o porque obtuvieron algo sumamente difícil de conseguir. Por eso se habla de héroes militares, deportivos, e inclusive de “héroes sin fusil”, como son quienes en el terreno del civismo y la cultura honran al país y que, como expresara don Miguel de Unamuno, consagraron su vida a la Patria “día a día en servicio de su cultura y prosperidad”.
En ese sentido es que deben ser considerados como héroes, las mujeres y hombres del contingente militar que regresa hoy a Nicaragua después de cumplir exitosamente una misión humanitaria en el país más peligroso de la Tierra, como sin duda es Irak.
Ésta no es la primera vez que militares nicaragüenses cumplen una misión en el extranjero. En 1965 un contingente de la Guardia Nacional, como se llamaba entonces el Ejército de Nicaragua, fue a República Dominicana, bajo la bandera de la Organización de Estados Americanos (OEA) para participar en una misión internacional de pacificación.
Pero no se puede comparar el carácter de la misión ni el riesgo que pudieron haber corrido los militares nicaragüenses que fueron a República Dominicana, con el peligro que afrontaron los que regresan de Irak, donde un terrorismo despiadado siega vidas cotidianamente y enfila sus ataques particularmente contra miembros de las fuerzas internacionales que están allí para cumplir tareas de diversa naturaleza: militares, de reconstrucción y humanitarias, como las que realizó el contingente nicaragüense.
Cuando se tomó la decisión de enviar el destacamento militar a Irak señalamos que, independientemente de que Nicaragua debe ser agradecida con quienes le ayudan, en este caso con Estados Unidos, y de que el agradecimiento debe manifestarse con hechos concretos, éstos deben corresponder a la posibilidad del país. Y dijimos que si Nicaragua no podía siquiera costear al viaje de los militares nicaragüenses a Irak, pues sencillamente no había que enviarlos.
Sin embargo el Gobierno consiguió de cooperación extranjera los fondos necesarios para enviar el contingente militar de apoyo humanitario al pueblo de Irak, y afortunadamente no sólo se cumplió exitosamente la misión encomendada y los expedicionarios se ganaron para ellos y para Nicaragua el agradecimiento y cariño de la gente iraquí a la que ayudaron, sino que también salieron sanos y salvos y ahora regresan al país sin bajas que lamentar para alegría de sus familias y satisfacción nacional.
La oportunidad es propicia para señalar que así como criticamos a los militares cuando se inmiscuyen en lo que no les incumbe —como la política—, o le niegan los espacios de mando que por ley constitucional y principios democráticos le competen a la autoridad civil, y cuando se involucran en negocios ajenos a la naturaleza de la institución castrense, también estamos prestos a elogiarlos cuando dan pasos reales y efectivos hacia la profesionalización, o cuando prestan grandes servicios a la población nacional como durante el huracán Mitch de 1998, y como ahora que bajo el máximo riesgo para sus vidas han realizado una acción humanitaria de inmenso mérito internacional.
Sin duda que el esfuerzo de Nicaragua como nación y de los miembros de este contingente militar como personas, ha sido una gran contribución el regreso a la plena, estable y segura normalidad en Irak, y a la construcción de una nueva vida pacífica basada en la libertad, la democracia y el trabajo creador.
Los iraquíes recordarán por siempre que un grupo de nicaragüenses les ayudó a alcanzar esa anhelada meta, y en Nicaragua perdurará el orgullo de haber contribuido por medio de la acción humanitaria que realizaron los héroes que hoy vuelven al regazo y al cariño de sus hogares y de su Patria.