Responsabilidad y neutralidad periodística

Luis Enrique Duarte*

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Responsabilidad y neutralidad periodística


Luis Enrique Duarte*




El Frankfurter Allgemeine Zeitung, uno de los periódicos más influyentes de Alemania, iniciaba la nota sobre la muerte de Carlos Guadamuz, narrando la visible consternación en el rostro de Carlos Fernando Chamorro al entrar y cerrar la oficina de su despacho e informar del asesinato a los colegas periodistas.

Lejos de nuestra realidad, en muchos países la noticia circuló con preocupación y recordó al mundo la guerra de los ochenta.

No hay motivos para matar y preocupa más cuando se trata de una persona de la vida pública.

A todos nos asusta. Pensaba que estábamos peleándonos en las instituciones, que nuestra prehistoria violenta era parte de esa interminable historia de guerras pasadas. Pero nos viene un muerto nuevo y todos sospechamos y dudamos.

Los medios de comunicación en tanto, gracias a la simpatía que han ganado en los últimos años no han logrado manejar con prudencia algunos eventos tristes y complejos. En lugar de ser un lugar de discusión y coordinar con inteligencia las informaciones, los medios se convierten en los azuzadores del clima de confrontación y división que tiene al país sumido en crisis permanentes.

La muerte de una persona no debe usarse como material para denigrar a los contendientes de una próxima campaña electora. La prensa no es juez, ni policía y debe ser responsable con su público y especialmente con su país.

Deberán ser las autoridades las primeras en acusar y si hubiese una conspiración, los medios deberán tener un rol neutral y profesional pero firme.

Mientras tanto, la responsabilidad de los medios no es acusar a uno u otro grupo bajo el lema “estamos informando”. Si bien es cierto el periodismo es un mediador entre el poder y el público, y ha logrado establecer un frente opositor a la corrupción, maneja en estos momentos el chisme y fuentes de dudosa procedencia que se colocan en espacios privilegiados con claras tendencias a denigrar y crear un clima de confrontación en un momento muy sensible para el país: las elecciones.

Los nicaragüenses deseamos la paz, pero aún somos una sociedad polarizada. Queremos sin embargo, que nuestros problemas se resuelvan sin el miedo al otro y ojalá los medios pudieran ayudar a contribuir por la vía civilizada.

¿Por qué no dejar que las autoridades aclaren un crimen que afecta a una familia? La Policía como los medios tienen gran simpatía entre la población.

¿Por qué jugar con los hijos del fallecido, que dolidos por la tragedia necesitan encontrar un culpable que les conceda el derecho a la justicia?

Nuestra función como comunicadores no significa una vía libre para propagar dudas y sumir en falsas pasiones a la opinión pública. No es necesario especular para hacer periodismo. La credibilidad que se ha ganado no debe ser luz verde para propagar irresponsablemente informaciones sensacionalistas con claros fines políticos.

Somos responsables de mantener el clima democrático y pacífico de nuestro país. Nos ha costado mucho, no invitemos a nuestra gente a la confrontación por medio de especulaciones con visibles matices partidarios.

* El autor es periodista y estudia comunicación y literatura en la Universidad Libre de Berlín

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