Ana María Ch. de Holmann*
En estos días, aún más ahora por la muerte de mi prima Ruth, recuerdo con toda claridad un cuadro colgado en las altas paredes de la enorme sala de la casona de mis abuelos maternos, Salvador e Isabel Cardenal, frente al parque Central de Granada. El cuadro era un atardecer en el que se dibujaban las siluetas de dos mujeres en actitud de oración después de una ardua tarea de trabajo, al caer los últimos rayos de sol, teñido el campo con sus espigas maduras y con el reflejo del oro del fruto de la tierra en la que descansan ya cortadas las gavillas del trigo.
Mas tarde, al leer la Biblia supe el significado de esta pintura. Ruth era una de las dos cegadoras. Ruth, mujer bíblica ejemplar en aquella lejana época, al igual que nuestra Ruth en la época actual. Ambas con atributos y virtudes semejantes: las de una mujer sencilla, de una bondad inalterable, de una humanidad inagotable, pensando más en los demás que en ella misma, amante de los pobres y necesitados, compartiendo todo, recta pero con suavidad, prudente, con firmeza en su fe y con la claridad que da la esperanza, valiente en toda ocasión difícil o dolorosa, sonriente, siempre sonriente, leal a sus tradiciones y a sus principios, fiel a su pueblo y a su Dios.
El Libro de Ruth nos relata la historia de esta mujer moabita que volvió a Judá con su suegra al morir su esposo y el padre del mismo. Noemí, su suegra, le rogó a Ruth que se quedara en su pueblo en casa de sus padres, a lo que Ruth se negó, decidiendo acompañarla a Israel diciéndole: “Me iré contigo, tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”.
Ruth fue portadora de la estirpe de David al casarse con Booz, con quien engendró a Obed, padre de Isaí, padre de David, precursor del Mesías. Todo esto para que se cumplieran las Escrituras que anunciaban que una extranjera sería portadora de la estirpe de David.
Nuestra Ruth, también al morir su esposo Alcibíades volvió a su pueblo natal, Granada, donde se dedicó en lleno a las obras benéficas siendo una verdadera madre para los chavalos drogadictos, una tierna madre para los ancianos del asilo La Providencia de las Hermanas de San Vicente Paúl, una hermana más de las Hermanas de María Auxiliadora, una hija para los Padres Salesianos, una eficiente servidora para las brigadas de Cristo Sana, una vibrante voz proclamando con un leguaje llano y sencillo, auténtico y testimonial de la vida y milagro de Sor María Romero, con quien ella estuvo muy cercana en vida de la Beata. Todo lo que ella daba a conocer a través de sus artículos publicados en esta misma página, en esta misma columna de este mismo Diario LA PRENSA, confirma y da testimonio de la santidad de la Beata Sor María Romero.
Ruth nos deja muchos recuerdos, ejemplo y virtudes a imitar. Ella misma anunció cuándo sería su encuentro con el Señor: “¡Va a haber una fiesta!”, le dijo a su hijo, José Alcibíades. “¿Cuándo va a ser esa fiesta, mamá?”, le preguntó él. “Dentro de dos días”, contestó ella. Ese día que le dijo era sábado y él le comentó a su esposa, Lourdes: “Mi madre se muere el lunes”. La madrugada de ese lunes 16 de febrero, cuando Ruth parecía dormir su sueño eterno de pronto se incorporó, abrió sus ojos bien grandes y miró fijamente hacia el infinito, sonriendo, donde seguramente ella estaba viendo a sus seres queridos esperándola: sus padres Isabel y Alberto, su esposo Alcibíades, Sor María, la Reina y su Dios en la aurora de una mañana pura la que nunca se termina…
Ruth había aprendido y practicado el lema de Sor María Romero: “Callar y orar a semejanza de la Virgen y San José. Hagamos este nuestro lema —decía ella en su artículo titulado El poder de la oración que experimentó Sor María—: Callar y orar a semejanza de nuestra Madre María y San José, ellos fueron los que estuvieron más cerca y vivieron con Jesús, así ellos tres nos ayudarán a mejorar en nuestra vida espiritual y corporal.
También como Sor María, Ruth solía hacer este llamado a la Reina: “María Auxiliadora, Madre mía, cuento contigo, estoy segura de Ti, en Ti me abandono…”
* La autora es prima hermana de Ruth Cuadra de Fuentes, quien fue colaboradora de las páginas de Opinión de LA PRENSA