Un poderoso partido político japonés

Emilio Álvarez Montalván

Guardada la distancia, siempre es útil conocer la vida y milagros de los partidos políticos, sobre todo de los países desarrollados. Curiosidad que aumenta, cuando uno de ellos, el Partido Liberal Demócrata de Japón (PLD), permanece medio siglo en el poder, excepto un pequeño interludio (1993), sin perder su carácter democrático y lidereando el espectacular desarrollo económico de su país, que acaba de salir de una larga recesión económica.

En realidad la reforma constitucional de Japón se inició a raíz de su derrota en 1945. En ese entonces emergió una nueva clase política decidida a efectuar cambios profundos en el Estado, Iniciativa apoyada firmemente por el general McArthur, jefe de las fuerzas norteamericanas de ocupación. No obstante, pasaron diez años (1945-1955) para que las profundas modificaciones fuesen asimiladas. Uno de los grandes facilitadores de ese proceso rectificador fue la coalición libero conservadora (hoshu godo) integrada por el Partido Democrático Japonés-Partido Liberal, ahora reforzado con Komeiko y el neo-Conservatismo.

Esa Alianza se apoyó tanto en valores de la cultura japonesa: a) eficiencia b) armonía y c) nacionalismo, como en fuerzas poderosas sociales y económicas. Con ese bagaje se enfrentaron al socialismo de vocación totalitaria, implantando la democracia y, organizándose con reglas de juego estables. Con el segundo factor, la armonía, integraron sus cinco facciones (Hashimoto, Shisuikai, Mori, Komura, Independientes), adoptando como plataforma: pacifismo, parlamentarismo, civilismo y bienestar social. Y en cuanto al tercer elemento, colocaron como prioridad el interés del Estado,siguiendo principios morales y asegurando creatividad individual y libertad de las corporaciones

Como debe suponerse, la clientela del PLD, la forma, la mayoritaria clase media japonesa, las grandes empresas y la burocracia estatal y privada, lo mismo que agricultores. Sus ingresos provienen de cuotas, donaciones, publicaciones y aportes del Gobierno. En esa fuerte cohesión, no prosperaron como en los demás partidos debates divisionistas y culto a personalidades. Sin embargo, la corrupción, inherente a todo poder, ha plagado periódicamente al Partido, aunque los funcionarios culpables son castigados, como cuando las coimas distribuidas por Lockheed.

En cuanto a organización, impresiona que el presidente del PLD es escogido por votación directa de sus afiliados que pagan contribución y no por convenciones multitudinarias. Así, cuando eligen en la dieta por mayoría al Primer Ministro del seno del PLD tiene aquél una legitimidad adelantada. Asimismo, mantienen gran comunicación con los grupos de intereses y los sindicatos.

Ese origen le confiere al presidente del PLD un gran poder, aunque ratificado por el Gran Consejo (31 miembros). Ello explica que el vicepresidente del Partido (o vice Premier en su caso) lo selecciona el Presidente, procedimiento que se repite con el Secretario General y numerosas jefes de sección. Otra característica del PLD es el método muy elaborado que precede a cualquier ley, pues ésta debe recibir aceptación de la maquinaria del partido.

Otro detalle importante, es que el PLD promueve reformas periódicas, tanto al Estado como al Partido, para ponerse al día. La penúltima iniciativa fue provocada por la derrota sufrida en 1945, al proponer un Estado reducido, cambios administrativas, socioeconómicos y políticos, descentralización, desregulación y una sociedad igualitaria. Otra reforma es que la mitad de los diputados es electa unipersonalmente y la otra, proporcionalmente. Sin embargo, lo más impresionante del PLD es que conviven en su seno cinco grupos políticos de diferentes matices libero-conservadores. Más aún, pueden escoger como líder del partido a quien encabece una facción pequeña, con tal que sea popular. El objetivo es reclutar al más votado y que ninguna tendencia se adueñe permanentemente del Partido. Asimismo establecen un balance de poder entre la representación parlamentaria y la maquinaria del Partido. Por ejemplo, el actual Primer Ministro, Junichiro Koizumi, pertenece a Mori un grupo “poco numeroso”. Su escogencia se debió a encuestas que respaldaban su personalidad carismática, juventud y su talante reformista.

Qué diferente entre nosotros, en que cada facción busca separarse para crear un nuevo conglomerado y el caudillo de turno pretende identificar permanentemente a su persona con el partido.

El autor es analista político.

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