Ramón Salgado Valle
No escribiré de Augusto César Sandino,
como se le conoce. No diré nada del hombre que antepuso la Patria a los intereses personales. No diré nada del hombre que arriesgó su vida (y la perdió) en busca de la paz nacional.
No diré nada del gran héroe nacional. Me referiré a los que han usado y abusado de su nombre. A los “sandinistas” que han sido, son y seguirán siendo antítesis de los ideales, pensamiento y conducta del General de Hombres Libres.
Me refiero a los que por muchos años, con gran arrogancia y orgullo gritaron: “Hemos hecho revolución, para defender el derecho… a no ser explotados”.
Me refiero a los que no explotaron a unos cuantos de sus trabajadores pero explotaron a una nación entera, y es hoy y la siguen explotando. Estoy seguro, que Augusto César Sandino hubiese rehusado ser “sandinista” como ellos. Más claro: esos señores o “compañeros” como les gustaba ser llamados nunca fueron, no son ni serán sandinistas.
Es tiempo que cambien de nombre, que boten o que el pueblo les arranque la máscara de “sandinistas” tras la que se esconden para seguir tratando de engañar al pueblo. Todos sabemos que estos “ex compañeros” cuestan mucha plata a los nicaragüenses. Dinero que en vez de gastarlo en ellos deberíamos usar en comprar medicinas para los hospitales y alimentos para los niños y ancianos.
Desde Canadá,