Julio Ignacio Cardoze
Estoy totalmente de acuerdo con la opinión
de la carta publicada en la edición del jueves 19 de febrero bajo el título “Encrucijada”. ¿Cuál es la diferencia entre asesinato y ajusticiamiento si las dos son muertes? Yo creo que sería un gran error para la sociedad nicaragüense calificar el agravante de un asesinato por las razones, calidades, cualidades o representatividad de la víctima de un asesinato. Sea quien sea, el asesinato de cualquiera, especialmente si es producto de conspiraciones organizadas, debe ser perseguido, condenado y castigado. No hacerlo es un síntoma de una sociedad en crisis y enferma, como el que padecía en los años treinta la sociedad americana en tiempos de Al Capone, cuando los gángsteres se eliminaban entre ellos, revelando un sistema corrompido en esa época donde policías y jueces estaban comprados en Chicago y New York, y fueron parte de la corrupción.
Fue el mismo sistema americano, por medio de las autoridades federales, que reaccionó contra las mafias organizadas y las pasadas de cuentas por medio de asesinatos y guerras entre bandas. En el caso de Guadamuz más bien hay un agravante adicional, porque fue víctima por expresar su opinión en un medio de comunicación. Es evidente, que si se hubiera quedado callado estuviera vivo, es decir, el objetivo del criminal intelectual fue asesinar el derecho a la libre expresión.