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La batalla por la familia
Esta semana estuvo en Nicaragua la embajadora Ellen Sauerbrey, representante de Estados Unidos ante la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, quien vino a dictar una conferencia (el lunes 16 de febrero) sobre las políticas y acciones que ejecuta el Gobierno estadounidense a fin de proteger y fortalecer la familia. Además, la embajadora Ellen Sauerbrey vino a promover la celebración del décimo aniversario del Día Internacional de la Familia, el próximo mes de marzo.
Aparte de lo que se informó en LA PRENSA del martes de esta semana, sobre lo que la señora Sauerbrey planteó en su conferencia —que fue auspiciada por la Asociación Nicaragüense de la Mujer (Animu)—, la experta estadounidense en asuntos de la familia aportó datos importantes y aleccionadores, como por ejemplo que más o menos el 70 por ciento de los presidiarios en Estados Unidos son personas que se criaron en hogares sin padres, que a unos 25 millones de niños en ese país les falta la autoridad paterna, y que las niñas y los niños de los hogares de madres solteras son los que tienen más posibilidad o corren más peligro de ser abusados sexualmente.
Para la madre y el padre no hay sustitutos, aseguró la embajadora Ellen Sauerbrey, al subrayar el papel fundamental que desempeñan los jefes naturales del hogar. Y también puso particular énfasis en el señalamiento de que el problema de la violencia doméstica se ha agravado en los últimos años, siendo mayor en los hogares en los que la familia es débil o está desarticulada; lo cual, sin embargo, no depende sólo de la pobreza sino también y ante todo de la carencia o debilitamiento de los valores. Y al respecto señaló la funcionaria norteamericana el interesante dato comparativo, de que las tasas de violencia intrafamiliar son de 40 por ciento en Managua y 52 por ciento en Santiago de Chile, o sea que no es mucha la diferencia a pesar de que el nivel de vida de los managuas es muy inferior al de los santiaguinos.
En realidad, está demostrado que la unidad y la integridad familiar, así como la familia basada en el matrimonio, constituyen un baluarte mucho más seguro contra las cada vez mayores y peores amenazas de disolución social, sexualidad temprana, drogadicción, alcoholismo, delincuencia juvenil y otros males que siempre han atacado a la humanidad pero que en los últimos tiempos se han hecho más poderosos y dañinos.
Precisamente por eso es que la familia se ha convertido en uno de los principales centros de batalla ideológica y cultural entre quienes tratan de socavarla aún más para facilitar la conquista de sus inconfesables objetivos, y los que defienden la integridad familiar y propugnan por su fortalecimiento como condición indispensable de una mejor calidad de vida, y coraza para proteger a la humanidad y a cada persona de las diversas, numerosas e insidiosas fuerzas del mal.
En la actualidad son tres las fuerzas que batallan en el mundo por la familia. Una es la que siempre ha querido destruirla porque la considera un gran obstáculo para su objetivo de dominación totalitaria universal; otra es la que demanda el reconocimiento y legitimación de las nuevas formas de “familia” basadas en el matrimonio entre personas del mismo sexo, y que se les confiera el mismo rango institucional que a las familias regulares; y la tercera es la que propugna por la defensa y el fortalecimiento de la familia basada en el matrimonio tradicional, sin perjuicio del respeto a aquéllas que están fundadas en la unión conyugal de hecho, las cuales también deben ser fortalecidas, tal como lo manda la Declaración Universal de Derechos Humanos y está establecido en la Constitución de Nicaragua.
La familia es una institución de insustituible valor para la organización social y la integración nacional. El núcleo familiar es el ámbito en el que los roles jerárquicos se conjugan con la libertad individual, y constituye por tanto la base de una convivencia digna y del respeto al prójimo. Esta familia es la que hay que proteger, defender y fortalecer, por el bien de cada uno de los nicaragüenses y de toda la sociedad.