Guadamuz: prueba de fuego

Cristiana Chamorro [email protected]

El cobarde asesinato de Carlos Guadamuz , porque todo asesinato es cobarde, ha puesto a “prueba de fuego” los instrumentos de la democracia que desde 1990 hemos venido cultivando los nicaragüenses interesados en construir una cultura de tolerancia y respeto a las libertades públicas sobre la base de instituciones democráticas.

Atrás quedaron los tiempos en que los órganos de investigación policial eran del mismo bando de quienes presuntamente cometieron asesinatos parecidos en el pasado y que nunca pudieron esclarecerse.

Trece años de proceso democrático, con sus avances y retrocesos, también han servido para superar el contexto político-institucional en el que se inició el gobierno de mi madre, doña Violeta de Chamorro, cuando la democracia en sus primeros pasos no disponía de instituciones libres de trampas partidarias e ideológicas y de sus consecuentes pasiones desbordadas en oscuras acciones de violencia extrema.

Hoy la nación nicaragüense tiene, en primer lugar, una Policía Nacional que ha hecho enormes esfuerzos por lograr su institucionalización como entidad verdaderamente nacional, es decir al servicio de la Patria que somos todos y no únicamente del partido sandinista que la concibió. Su capacidad, efectividad, independencia y nuevamente su institucionalidad está hoy en “prueba de fuego” hasta que llegue al fondo de la trama que asesinó a Carlos Guadamuz.

Pero además de la Policía tenemos la Fiscalía de la Nación, representante del Estado en la persecución de los delitos criminales y junto a la Fiscalía los tribunales de justicia para juzgar frente a todas las evidencias del crimen y la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Nacional, en asegurar que las investigaciones encuentren la verdad en este crimen.

Estas tres entidades son poderes independientes entre sí, sólo comparten la poca credibilidad que tienen frente a la opinión pública por sus respectivas dependencias de los caudillos y de sus dos partidos que hasta ahora las controlan. Sin embargo, en el contexto político de la “nueva era” las tres ellas tienen hoy la oportunidad de reivindicarse en su obligación de cumplir con la ley y hacer justicia ante el crimen del periodista y político Carlos Guadamuz.

Y por encima de todas estas instituciones, el Presidente de la República, su Ministro de Gobernación y todo el Gabinete de Gobierno deben probar su voluntad de que no van a dejar este crimen en la impunidad. Como les recuerda el comunicado de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la OEA: “el Estado Nicaragüense debe cumplir su compromiso en cuanto a que los Estados aseguren que los periodistas y líderes de opinión tengan la libertad de investigar y publicar sin miedo a represalias”.

Nicaragua debe hacer propia la petición de la Relatoría que en su comunicado le solicita al Gobierno del presidente Enrique Bolaños “adopte todas las medidas necesarias para garantizar que este crimen no quede sin castigo y que se refuercen al máximo los mecanismos que otorgan protección efectiva a todos aquellos periodistas que reciban amenazas por cumplir con su función de informar a la sociedad, lo cual es esencial para la democracia y el Estado de Derecho”.

Pero no sólo las instituciones del Estado pasan por una “prueba de fuego” en el esclarecimiento de este crimen a plena luz del día, a las puertas del Canal de Noticias CDNN, en donde Carlos Guadamuz dirigía su programa Dardos al Centro.

Para mí, primero que nada es una prueba de fuego al periodismo investigativo, a los medios de comunicación como instituciones de la democracia y a todos los periodistas en el ejercicio de su profesión. Tenemos plena libertad de prensa y movilización para fiscalizar todas las investigaciones y el comportamiento de las entidades arriba mencionadas.

Las investigaciones periodísticas deben además ofrecer información adicional con pruebas objetivas y conducentes a la verdad de los móviles de este asesinato. Después de todo el periodismo sólo tiene que cumplir su misión de buscar, encontrar y contar la verdad que debe ser puesta al servicio de la justicia.

Y aunque no estemos de acuerdo con el tipo de periodismo que ejercía el periodista asesinado, los periodistas además de investigar no podemos aceptar pasivos nunca la impunidad de los crímenes sin castigo a periodistas que han ocurrido en otras partes del mundo, como el de Guadamuz hoy en Nicaragua.

Hace nueve días sucedió este asesinato que tiene en “prueba fuego” también a toda Nicaragua, porque todos tenemos la obligación de trabajar por la verdad y con ella fortalecer instrumentos de la democracia para cambiar la cultura de la intolerancia a la libertad del otro.

Los dardos de Guadamuz encendieron la hoguera del uso de la violencia extrema, pero hay que apagarla de una vez por todas con la verdad y la justicia que Nicaragua se merece.

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