Marlon José Navarrete Espinoza
Son dignas de estudio las contradicciones ideológicas de los sandinistas, sobre todo en la cúpula dirigente. Dicen ser anti-imperialistas yanquis y odian a Estados Unidos, pero acarician el dinero del imperialismo y adoran el olor de los dólares. Hablan mal de las costumbres gringas pero les gusta saborear la Coca Cola y las hamburguesas. Critican al capitalismo pero en sus empresas privadas explotan a sus trabajadores y los reprimen de cualquier protesta. Alegan luchar por la paz y sin embargo promueven la guerra y el odio a través de la lucha de clases.
Dicen querer la estabilidad del pueblo y una mejor economía, pero preparan asonadas que destruyen la infraestructura económica del país y atentan contra el bienestar social de la nación. De palabra defienden los derechos humanos pero cuando están en el poder los pisotean y atropellan a su antojo. Dicen preocuparse por el medio ambiente, pero muchos de ellos son madereros que arrasan los bosques sin compasión. Hablan que están contra la violencia, pero en su gobierno compraron armas y llenaron de armamento la mente de niños y jóvenes. La vida era despreciable y la cultura de la muerte fue su sello distintivo.
Deberían ser más consecuentes entre lo que dicen y hacen.