El beisbol, como la política

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El beisbol, como la política





Hoy comienza la etapa semifinal del campeonato nacional de beisbol, después de superar el bochornoso capítulo de la actitud de directivos y jugadores del equipo Bóer, de Managua, que a lo largo de la temporada jugó de manera visiblemente displicente, y al final perdió deliberadamente al menos un juego decisivo para tratar de clasificar, no por el desempeño en el terreno sino gracias a un equívoco reglamento.

La maniobra del equipo capitalino fracasó de todas maneras al ser eliminado el domingo recién pasado, y aunque según la crónica deportiva, el Bóer jugó dignamente su partido final, la actitud anterior dejó un amargo sabor a muchos aficionados, particularmente de Managua. Y además, dejó planteada la necesidad impostergable de revisar a fondo la organización y conducción del beisbol nicaragüense.

En el beisbol, como en la política y en la administración pública, se dice con desfachatez que no hay nada malo en actuar contra la ética siempre y cuando lo permitan el reglamento y la ley o no sea prohibido expresamente por ellas. Pero en el caso del reglamento del campeonato de beisbol éste fue hecho más para proteger un negocio que para regular una práctica deportiva, así como las leyes son dictadas por los mismos políticos que las aplican en su propio beneficio y no en el de la sociedad, como debería ser.

En realidad, el beisbol históricamente se ha asociado estrechamente con la política, tanto en sentido cultural como partidista. “Siempre se ha dicho que el deporte es apolítico. Sin embargo los hechos han venido a demostrarnos que eso es solamente un razonamiento teórico, muy distanciado de la realidad”, asegura el cronista deportivo Edgard Tijerino en su libro El Mundial Nica, citado en una edición monográfica del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación: Cultura e Historia del Beisbol en Nicaragua, de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua.

Y aunque cualquier deporte es o puede ser manipulado por los políticos y contaminado con la corrupción, sobre todo al manejarlo como negocio, el caso del beisbol es particularmente impactante porque sigue siendo uno de los deportes más populares y el que más repercute en los medios de comunicación.

El poeta Pablo Antonio Cuadra, acucioso investigador de la cultura nacional y de la personalidad nicaragüense, reflexionaba que el beisbol es el deporte más popular de Nicaragua tal vez porque “somos más amigos de las individualidades fuertes (los jonroneros, los pítcheres de brazo potente) que del esfuerzo solidario. ¿Habrá alguna relación entre nuestra política y el beisbol? —se preguntaba el poeta—, y: ¿rendimos “culto a la personalidad” en el gran batazo o el gran lanzamiento… o en el robo de bases?…” (citado en el boletín antes mencionado).

Por otro lado, en el caso específico del beisbol, hay que señalar que los aficionados son también culpables de la crisis ética que sufre la organización y práctica de este popular deporte, pues sólo asisten a los estadios cuando sus equipos están arriba —o cuando gracias al reglamento tienen posibilidad de clasificar—, y menosprecian el espectáculo por su valor intrínseco de entretenimiento y de competencia deportiva, en la que es muy importante ganar pero igualmente es honroso participar y perder con honor. Y también tiene culpa la crónica deportiva, al tomar partido ruidosamente por los distintos equipos y promover el fanatismo entre la afición, en detrimento del deporte y de la cultura deportiva en general.

De manera que no sólo las instituciones y la política partidista necesitan de manera apremiante reformas fundamentales para que puedan servir efectivamente a los intereses nacionales y dejen de ser instrumentos de la corrupción. Igualmente hay que hacer reformas a la organización del deporte a fin de recuperarlo como medio para fomentar la salud física y mental de las personas, como entretenimiento positivo de la población y como instrumento para rescatar a muchas personas —particularmente jóvenes— que viven en situación social de riesgo y corren el peligro de caer en la delincuencia por falta de alternativas de educación, entretenimiento y trabajo.

Igual que la fe, el deporte tiene poder para cambiar el mundo, dijo el líder sudafricano Nelson Mandela. Más, para eso, agregamos nosotros, hay que organizarlo de manera honrada y transparente y practicarlo con vergüenza deportiva.

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