Amor y vocación en las primeras letras

La atención educativa de los niños en edad preescolar –de 3 a 6 años– descansa en el compromiso y la entrega de más de seis mil educadores voluntarios, la participación de la comunidad y de los padres de familia, sobre todo en el sector rural. El trabajo de los educadores voluntarios es impulsado por una […]

  • La atención educativa de los niños en edad preescolar –de 3 a 6 años– descansa en el
    compromiso y la entrega de más de seis mil educadores voluntarios, la participación de la comunidad y de los padres de familia, sobre todo en el sector rural. El trabajo de los
    educadores voluntarios es impulsado por una vocación de servicio, más que por un motivo financiero, pues éstos reciben entre 180 y 310 córdobas mensuales por su labor

Arlen Pérez [email protected]

Un coro de “Buenos días” es uno de los primeros sonidos que se escuchan en el preescolar comunitario Los Pollitos, en Sabana Grande. Los niños muy contentos se sientan y esperan un rato a que la maestra les indique cuándo empezar a cantar “buenos días, buenos días, cómo están, cómo están…” una melodía con sello angelical en las voces de los niños.

Los “pollitos” están contentos porque juegan, cantan y estudian en el preescolar que la comunidad de Sabana Grande construyó para que logren acostumbrarse a las escuelas y al mundo que en unos años deberán enfrentar.

“Mi niña aprende a jugar y cantar, todo para que ellos se adapten y vayan a un primer grado. Para que se acostumbren a la escuela. A mi otra niña que ya salió de este preescolar le ha ido muy bien”, dijo Damaris Scoto, madre de familia.

Los Pollitos inició como muchos de los más de cinco mil preescolares comunitarios, con la necesidad de mejorar las condiciones para la educación de los niños.

En la comunidad de Sabana Grande había una preocupación por la nutrición de los niños entre 3 y 6 años, por lo que la comunidad creó una olla comunal, un proyecto apoyado por el Ministerio de la Familia y la Asociación de Soya de Nicaragua (Soynica) y luego se conformó el preescolar comunitario en 1995.

En el transcurso recibieron además el apoyo de un organismo denominado Capri que impartió capacitaciones a los maestros. “En el camino y con las capacitaciones del MECD (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes) y los organismos que nos están atendiendo logramos ser competentes para impartir clases, somos personas voluntarias que comenzamos en esto a raíz de la necesidad de tantos niños de 3 a 6 años que no iban a la escuela”, dijo Zoila Rosa García, maestra de segundo nivel y responsable del preescolar Los Pollitos.

Al preescolar asisten 77 estudiantes en los tres niveles, cada maestra gana 240 córdobas mensuales que el MECD les entrega cada dos meses. El salario de los educadores voluntarios anda entre los 180 y los 310 córdobas mensuales.

VOCACIÓN POR LA EDUCACIÓN

La motivación de estas maestras de preescolares comunitarios está en los niños. “Trabajar con ellos es algo que no puedo explicar. De los niños hay tantas cosas tan lindas al comprenderlos, quererlos. Tienen tantas cosas ocultas que voy descubriendo y más bien me van enseñando a mí”, dijo Clementina Huerta, maestra del preescolar Nachitos en el Barrio Pablo Úbeda.

La hermana de Clementina, María Luisa Huerta, también es maestra en los Nachitos, ella recibe 400 córdobas cada dos meses de parte del MECD y una ayuda de Soynica de 240 mensuales. Para ella la mayor recompensa es la satisfacción de ver el fruto de su trabajo.

“Mi interés no es ganar dinero, sino brindar mi conocimiento y ayudar a muchos niños que lo necesitan. Mi intención es que valoren mi trabajo. Gracias a Dios los niños que yo he educado han dado la cara por este preescolar. Han ido a diferentes preescolares y colegios privados y han demostrado lo que saben”, asegura María Luisa.

Agrega que quiere darle a entender a muchas personas que el preescolar comunitario no es sólo jugar, porque a través del juego se le enseñan colores, vocales y una serie de habilidades.

EN CONDICIONES PRECARIAS

En la mayoría de los preescolares o no hay luz o están conectados de manera ilegal y los que logran pagar las cuentas lo hacen con el aporte de los padres de familia que es de 5 o 10 córdobas mensuales.

“Con la situación que tenemos en Nicaragua no hay para estar pagando un colegio privado y aquí lo que pagamos es una ayuda de cinco pesos al mes. No podemos darles gusto a los niños, tenemos que conformarnos con este preescolar donde falta bastante por hacer como componer asientos, las puertas y esas cosas”, dijo Néstor Rojas, padre de familia de uno de los niños que asiste a Los Pollitos.

Otra de las necesidades es el espacio y la cantidad de niños con las que las voluntarias deben lidiar. “No es difícil dar clases a niños pequeños, lo difícil es el grupo muy grande, porque el grupo crece y el mobiliario se daña si no es de buena calidad”, aseguró Ana Isabel Orozco, maestra del preescolar Los Cumiches Número Uno, ubicado en Ciudad Sandino.

Ana Isabel comenta que ella dio clases en escuelas de primaria y que no le gustaron las condiciones de pobreza y desánimo en las que se tenía que enseñar, mientras que en el preescolar pueden trabajar con los padres del familia, además que los niños se integran en proyectos de Cantera que apoya el preescolar y pueden ver cómo crecen.

ORIGEN DE LOS PREESCOLARES

De acuerdo a Juan José Morales, director de preescolares del MECD, los preescolares comunitarios surgen en 1995 con un proyecto que el ministerio presenta al Banco Mundial y que se aprueba para un período de tres años, con un financiamiento de seis millones de dólares. En ese momento la cobertura era de 12.4 por ciento en relación a la tasa neta de escolaridad.

“Viene a fortalecer la participación de la comunidad y brinda la atención a los niños de la zona rural que estaban excluidos del servicio, aquellos niños de los barrios urbanos marginales, se crea lo que hoy se le llama preescolares comunitarios”, explica Morales.

Los requisitos, según el funcionario, para que en una comunidad se cree uno de estos preescolares son: que la comunidad seleccione a su educadora y el local, que se forme un comité para que administre el preescolar y tener un espacio de al menos 1.4 metros cuadrado por niño.

Según Morales, el MECD le garantiza la asistencia técnica, el material, los documentos curriculares, los programas, las guías y el mobiliario.

En la segunda fase con financiamiento del Banco Mundial la cobertura es del 28.6 por ciento como tasa neta de escolarización. Para finales del 2003 se tenían 6,234 educadoras, la meta para el 2004 es llegar a siete mil, que atenderían a más de 184 mil niños.

PREOCUPADOS POR LA NUTRICIÓN

Además del alimento académico, los preescolares comunitarios también están preocupados por la nutrición de sus pequeños alumnos. “Es rico y me lo voy a beber todo”, asegura José Guillermo Mojica, de cinco años, al recibir su bebida con extracto foliar que Soynica proporciona a algunos preescolares comunitarios.

“El extracto foliar tiene un sabor a hierro y a planta, en los primeros días ellos lo rechazan, pero como hay diferentes formas de preparárselos se les hace en cajetas, caramelos, como al niño le gusta, se lo come y van adaptándose y después hasta lo piden”, explica la doctora Sonia del Socorro Ocampo, voluntaria del preescolar Nachitos.

De acuerdo a Ocampo, la leche de soya y el extracto foliar son mejor que la leche de vaca, porque son más fáciles de asimilar por el organismo y nutren más a los niños.

HUERTOS ESCOLARES

Juan José Morales, Director de Preescolares del MECD explica que algunos preescolares tienen también planes de nutrición de los niños y en ocasiones crean huertos comunitarios.

“El programa de alimentación es un dieta que es complementada con la participación de la comunidad. Por eso es que surgen con el apoyo de la comunidad, si no están organizados nosotros no podemos mantener ese preescolar. La comunidad lo que pone es la elaboración de la alimentación y lo complementa con algunos huertos escolares”.

Entre los proyectos del MECD está la incorporación de los preescolares a los centros y promover estos niveles ya que se hacen necesarios para que los niños puedan desempeñarse mejor en la primaria.

“Partimos de que la educación primaria no puede estar separada de la educación preescolar, debe tener una interconexión, una articulación. No debe haber un desfase, una muralla, no debe existir ninguna brecha”, señaló Morales.

Por su parte, Violeta Malespín, directora general del MECD, dijo que el preescolar contribuye además a evitar un trastorno en el niño. “Tiene que estar bien articulada la primaria con el preescolar para que el niño no sufra ningún trastorno al empezar a recibir una educación con todas las exigencias que se le piden a los estudiantes”.

APRENDER JUGANDO

Los niños de los preescolares comunitarios aprenden jugando y cantando vocales, modales y una serie de habilidades que les facilita el aprendizaje una vez que ingresan al primer grado de primaria.

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