El difícil camino hacia noviembre

Peter R. Bernal

Es hora de ir pensando en las elecciones de noviembre. Hasta hace poco los sondeos indicaban una clara ventaja para el presidente George W. Bush, pero hoy todo indica que la lucha será hasta el último voto. Independientemente de que en algunas encuestas dos precandidatos John Kerry y John Edwards, aventajan al presidente, lo cual naturalmente cambiará según se producen las noticias y los resultados electorales primarios, ya nadie espera que las elecciones generales tanto para Presidente como para los miembros del Congreso sean un paseo.

Algunos politólogos empiezan a crear paralelos. Por ejemplo, que Bob Dole no pudo derrotar a Bill Clinton a pesar de haberse destacado por su valor en la guerra. Olvidan que ahora sí estamos en medio de una guerra y ésta es un factor como no lo era en las elecciones de 1992 ó 1996. Si los demócratas son percibidos como el partido “más flojo” y postulan, por citar a uno, a John Kerry, veterano condecorado en la guerra de Vietnam, por lo menos neutraliza los probables ataques de “liberal” que no sólo se le harán a Kerry, sino incluso a Edward, un centrista sureño, en caso de ser postulados. ¿Acusarán de liberal o “flojo” al general Wesley Clark, ex comandante supremo de la OTAN, posible candidato a vicepresidente? Por supuesto estoy adelantándome y pensando que los punteros son los arriba mencionados, aparentemente todo ha ido cambiando como el color del camaleón y el famoso “cachumbambé” de mamá Inés. ¿Se acuerdan cuando Howard Dean, ex gobernador de Vermont, era el favorito de los liberales demócratas y de los republicanos, que oraban diariamente para que éste llegara a la convención demócrata de Boston como el posible candidato pues lo consideraban fácil de derrotar?

Sigo creyendo en lo siguiente: Kerry tiene hoy ventaja en delegados que es lo que importa y olvidándose de lo que suceda en otras primarias de febrero. Éstas tendrán su punto culminante, quizás, en el Estado de Wisconsin, donde los demócratas tienen una larga tradición populista y donde sería la ultima oportunidad lógica de Dean para despegar como un candidato viable, pues Edward y Clark deben salir de Tennessee y Virginia con algunos delegados. De no ser así, entonces tendríamos que esperar las elecciones del 2 y 9 de marzo, donde están en juego más del 75 por ciento de delegados: Estados como California, New York, Ohio, Georgia, Massachussets, Florida y Texas, entre otros, serían el camposanto de muchos o la coronación de uno para la postulación. Pero todo es posible, todavía no hay nada escrito hasta la posibilidad de una convención abierta o para maniobras preconvencionales a lo Richard Daley (el famoso alcalde de Chicago en 1960).

Veamos brevemente el fenómeno y la tenacidad de Edwards, sin importar lo que suceda con él. Se trata de un caso interesante que pudiera tener importancia. Entre otras cosas porque ha logrado con su lema de campaña “jobs” (trabajos) no dejar en los debates el enfoque de los temas nacionales. Además ha vigorizado el voto de jóvenes y mujeres. El carismático senador por Carolina de Norte nació en Seneca, en el vecino Estado de Carolina del Sur, hijo de obreros textiles muy pobres logrando graduarse como doctor en leyes de la prestigiosa Universidad de Carolina del Norte, en Chaper Hill, una de las mejores del sur. Su esposa es también abogada y son miembros de la Iglesia Metodista. Sus ingreso en el Senado estadounidense no fue fácil, como no lo es el poder llegar a ser nominado por su partido. Pues bien, para lograr su ingreso al famoso Club de los Patricios, en 1998, le ganó 51 a 47 por ciento a nada menos que al republicano Lauch Faircloth, quien había derrotado a una leyenda de las Carolinas, Terry Sanford, en 1992. Y más importante aún, Edward se enfrentó además a la maquinaria del todopoderoso senador Jesse Helms, que cuando se habla de Helms hay que quitarse el sombrero.

El presidente Bush deberá tener en cuenta la advertencia del príncipe de los conservadores nacionales, Patrick J.Buchanan, el cual en su columna difundida a cientos de diarios por su “Creators Syndicate” le deja saber al ocupante de la Casa Blanca que puede ser estrechamente derrotado por Kerry. El artículo tiene como título: “El presidente debe tomar seriamente a Kerry” y muestra, como lo he hecho yo anteriormente, que sólo necesitan los demócratas –con el apoyo de los independientes– mantener los Estados ganados por Al Gore en el 2000 y añadirle unos escasos votos electorales que pueden salir de algunos de estos Estados o de una combinación de los mismos: Ohio, Missouri, West Virginia y el propio New Hampshire que Gore estuvo cerca de ganarlo. Irónicamente Buchanan escribió que tanto Kerry como Bush eran “globalistas”, “mercaderes libres” y partidarios de fronteras abiertas, es decir “no hay partido ni candidato conservador en América o sea en EE.UU.”.

Las malas noticias siguen llegando: escándalos en Halliburton, la compañía que presidió el actual vicepresidente Dick Cheney; muertos y heridos diariamente en Irak, contiendas de los chiítas a favor de elecciones directas bajo las leyes islámicas, división entre los kurdos partidarios de controlar el petróleo del norte de Irak, el anuncio del súper déficit más grande de la historia, los recortes en programas sociales que afectan directamente a la educación, los mayores y las clases más necesitadas de la población, el gigantesco debate por el presupuesto que, parece, unirá por primera vez a republicanos conservadores y a demócratas liberales preocupados no sólo por el déficit sino por los gastos de la salud y las prescripciones médicas. Es la primera vez que el índice de aprobación presidencial baja del 50 por ciento. Dos presidentes estuvieron después de la Segunda Guerra Mundial en esta situación, según Gallup: Harry Truman, que logró reelegirse en 1948 y Gerald Ford que no lo consiguió, en 1976. Para ponerle la tapa al pomo, el Secretario de Estado,Colin Powell, acaba de afirmar que de conocerse los datos que niegan la presencia de armas de destrucción masiva en Irak no hubiera recomendado la guerra, desafiando así a los halcones de la Secretaría de Defensa y poniendo en aprietos al Presidente, sujeto a una comisión de investigación independiente sobre esos temas. A pesar de todo esto, Bush tiene todos los recursos del poder, el púlpito del Jardín de las Rosas y de su partido para ganar las elecciones y reelegirse. Eso sí, tiene que apresurarse y sacar a sus voceros a las calle pues está dejándole el camino libre a los demócratas, quienes, mientras más dure la contienda más atención reciben de la prensa. Le recuerdo respetuosamente al Presidente: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.

El autor es analista político cubano-norteamericano.

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