Genes y psicología de la conducta humana

Iván Marín Argü[email protected]

Desde la antigua civilización griega hasta nuestros días la ciencia ha tratado de escudriñar las diferencias de personalidades entre los individuos para tratar de conocer el límite de lo heredado y lo adquirido. Sin embargo es en las últimas décadas donde se ha observado un amplio optimismo acerca de la aplicación de la genética molecular en intentar conocer el patrón biológico de la conducta social humana, los desórdenes psicológicos y la dependencia química. Si bien es cierto que tan sólo el 1 por ciento de nuestra información genética es única, en cada uno de nosotros, es lo suficiente para producir las sustancias químicas encargadas de modular nuestra naturaleza y emociones individuales como lo son la felicidad, tristeza, enojo, furia, disgusto, etc.

Con la marcha del tiempo múltiples teorías y conceptos han sido formulados sobre la psicología de la personalidad humana. Hoy en día, dentro de la comunidad académica se debate con mucha atención sobre el recién introducido concepto de psicobiología de la personalidad. Este nuevo modelo postula una estrecha relación entre genes, las sustancias neurotransmisoras producidas por el cerebro y las características del temperamento.

La búsqueda de genes dispersos en nuestros cromosomas con la intención de establecer correlación entre éstos y la conducta social humana no es tarea fácil. Por lo que a los test y e inventarios psicológicos ampliamente utilizados se ha sumado la tecnología. Disponemos actualmente de imágenes de resonancia magnética de alta resolución del cerebro y de marcadores moleculares que son moléculas altamente específicas que recorren nuestros genes con la intención de reconocer una región de interés del cromosoma. Así tenemos que con esta técnica se logró ubicar y determinar que el mal funcionamiento de un gen, que controla la síntesis del neurotransmisor serotonina en el cerebro, está asociado a la agresión impulsiva de los individuos.

Por otro lado, la ciencia está clara que tampoco se puede caer en el determinismo genético, que los genes no lo son todo en la personalidad. Es necesario considerar la influencia del medioambiente o entorno social y cultural sobre la misma. Tal es el caso del gen Mao A que en niños sometidos a maltratos en la infancia, afectan el funcionamiento del gen, desarrollando posteriormente problemas antisociales de conducta.

Diligentemente se pretende identificar a los genes asociados a la conducta humana para incrementar nuestro entendimiento sobre los mecanismos biológicos de la misma e implementar drogas específicas para corregir desórdenes psiquiátricos. Hay sólidas y creíbles evidencias de las bases biológicas de ciertos aspectos de la conducta social, es por ello que hay investigadores intentando cazar genes asociados a la homosexualidad, violencia, alcoholismo, dependencia química o desórdenes mentales.

A diario se escucha en nuestra casta política, propuestas, que van y vienen, sobre las reformas a la Ley Electoral, por lo que me atrevo a recomendar la incorporación, en un futuro no lejano, el mapeo genético del temperamento de los candidatos electorales con la intención de conocer sus características y tendencias hacia: la pasividad, ansiedad, exposición al peligro, avaricia, humor, agresividad, hábitos de comer y dormir, conducta sexual y desórdenes del control impulsivo. No con la intención de excluir contendientes, al contrario, brindar información necesaria que les permita tomar una mejor decisión a los electores. Es necesario evocar que el conocimiento es poder y debemos utilizar este conocimiento en beneficio de todos.

El autor es bioquímico (CBM-UCA).

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