Verónica Rivera pide en los semáforos para costear la cirugía que extirpe el tumor de su rostro.

Sobreviviente del Casita necesita ayuda urgente

A sus trece años ya es madre de una niña de tres meses y padece de una rara enfermedad que le ha deformado el rostro Todos los días pide ayuda en un semáforo para poder buscar tratamiento médico Luis Alemán Saballos [email protected] Todo un drama vive una niña de tan sólo 13 años convertida en […]

  • A sus trece años ya es madre de una niña de tres meses y padece de una rara enfermedad que le ha deformado el rostro
  • Todos los días pide ayuda en un semáforo para poder buscar tratamiento médico

Luis Alemán Saballos [email protected]

Todo un drama vive una niña de tan sólo 13 años convertida en madre adolescente y con un tumor en su rostro.

Verónica Rivera Chavarría necesita ayuda. Un tumor en su mejilla izquierda le deformó la cara y no tiene atención médica especializada debido a la falta de dinero para pagarla.

El tumor en su rostro le está creciendo y sufre de fuertes dolores de cabeza. “No me deja estar tranquila”, asegura esta joven, quien en tono lastimoso pide que le ayuden a curarse porque tiene miedo que sea un tumor maligno y no quiere dejar en la orfandad a su bebé de tres meses que nació producto de una relación que tuvo con un joven, quien asegura le da mala vida.

“Quiero tener el rostro como era antes”, afirma, mientras se toca la protuberancia que le deformó totalmente su rostro. Desde hace algunos meses vive en la casa de su tía a quien identifica como Pepa Rivera, en una casita ubicada en el interior de La Chureca, en el basurero de Acahualinca.

Rivera Chavarría relata que cuando tenía 11 años, comenzó a sentir un dolor en la encilla, del lado izquierdo. “Me daban fuertes dolores y no tenía qué tomar, pero de pronto me comenzó a salir una pelotita que ahora se hizo de este tamaño”, asegura.

Debido a la deformación de su rostro, se vio obligada a abandonar la escuela. “Me daba pena que se burlaran de mi cara”, asegura, por eso sólo llegó hasta primer grado.

Asegura que es originaria del occidente del país, sobreviviente del deslave del volcán Casita y quedó sólo ella con su papá, a quien identificó como Pedro Chavarría.

COME SOLO PAN Y CAFE

El tumor le ha crecido del tamaño de una pelota de tenis, deformando su dentadura, la que se le aflojó totalmente. “Tengo miedo que se me caiga, por eso no puedo comer nada más que pan mojado con café negro”, señala.

Todos los días sale con una botella con café negro y una bolsita con agua y se instala en los semáforos de las calles de Managua. Primero estuvo en Linda Vista, después se cruzó a Ciudad Jardín y ahora está frente al edificio nuevo de la Cancillería.

“Primero me puse frente al cine (González), pero un viejo me pegó porque me daban más a mí que a él”, afirmó entre lágrimas.

QUIERO CURARME

“Yo quiero curarme, necesito ayuda”, dijo la adolescente que aprovecha cuando el semáforo está en rojo para pedir una limosna a los conductores que pasan por el lugar.

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