Lupercalia

Luis Sánchez [email protected]

Mañana, 14 de febrero, es el Día del Amor y la Amistad (antes Día de los Enamorados), que se celebra en honor a San Valentín, el sacerdote cristiano que según la leyenda fue martirizado en la Vía Flaminia, en el año 268 después de Cristo, bajo el imperio de Claudio el Gótico, porque casaba clandestinamente a parejas de enamorados desafiando una prohibición imperial.

Además, la gente observaba que a mediados de febrero los pajaritos al sentir los primeros aires de primavera comenzaban a hacer sus nidos. Y por eso consideraban al 14 de este mes como día del despertar de la vida y el amor.

Sin embargo, historiadores estiman que la Iglesia Cristiana instituyó esta celebración porque en esta fecha los romanos celebraban la muy popular fiesta pagana de la Lupercalia, en honor de Fauno (Pan en la mitología griega), un dios al que también llamaban Lupercus porque moraba en la cueva (en el monte Palatino) de Luperca, la mítica loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de Roma.

Fauno, cuyo nombre significaba “el bien intencionado” era hijo de Júpiter y Circe y se le tenía como protector de las cosechas, los campos, los bosques y los pastores. Fauno nació monstruoso, con patas y cuernos de macho cabrío (Lupercus significaba macho cabrío, en el idioma de los antiguos latinos), y sus orejas eran alargadas y peludas. Y por eso Mercurio se lo llevó al Cielo para que sirviera como diversión de los dioses.

En la mitología griega, Pan (equivalente del Fauno romano), inventó la música al crear la flauta de pan, o siringa. Resulta que el dios monstruoso pero muy enamoradizo, quiso poseer a la ninfa Sirinx (Siringe) persiguiéndola a lo largo del río Ladón. Pero los dioses, para protegerla la convirtieron en una caña, la que al ser agitada por el viento emitía sonidos musicales. Pan cortó algunos tallos de la caña e hizo con ellos siete tubos de tamaño desigual, los ató y de esa manera nació la flauta pastoril que hasta hoy nos deleita con sus dulces y melodiosos sonidos.

Pan también se divertía asustando a los seres humanos que vivían en los bosques o transitaban por ellos, con horrendos alaridos. De allí la palabra pánico, que significa miedo exacerbado y desmedido que se siente ante algo o alguien, generalmente sin motivo.

Los romanos festejaban a Fauno (la Lupercalia) a mediados de febrero. En esa ocasión los sacerdotes degollaban terneras y machos cabríos y con los cuchillos ensangrentados tocaban la frente de una pareja de jóvenes enamorados. Luego, con las pieles de los animales sacrificados golpeaban a las mujeres en la calle para que tuvieran suerte en el amor y fuesen fértiles. Finalmente hacían un banquete en el que tomaban en abundancia vino con leche y miel, que supuestamente excitan la libido.

A Fauno o Pan le estaba consagrado el pino porque se enamoró de Pitis, también amada por Boreas (hijo de Astreo y la Aurora), quien, para que el otro no la poseyera —“mía o de nadie”— la arrojó desde lo alto de un peñasco. Entonces los dioses transformaron el cadáver de Pitis en el pino, árbol que gusta vivir en los altos y frescos bosques, los dominios del feo dios enamoradizo.

Pan o Fauno padecía de un lascivo ardor amoroso que lo impulsaba a perseguir a cuanta ninfa y hembra miraba en los bosques. Pero al parecer sólo fue amado verdaderamente por Selene (la Luna), hermana del Sol y de la Aurora.

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