Benjamín Lugo A.*
La necesidad de un programa de nutrición en las escuelas de Nicaragua es un tema de actualidad, por el caso del vaso de leche escolar y su financiamiento —o falta de él—.
Sin embargo, este asunto debería ser un tema de siempre en Nicaragua, hasta tanto no logremos atraer y tener a todos y cada uno de nuestros niños y niñas en edad pre-escolar y escolar de primaria, en su aula respectiva, aprendiendo y siendo alimentados con un complemento nutricional que los atraiga hacia la escuela y los mantenga en el aula durante todo el año escolar.
Costa Rica, nuestro vecino, tiene 40 años de estarlo haciendo de manera seria y sostenida, y por lo que vemos en su economía en su desarrollo ha traído muy buenos resultados, ya que siendo un país pequeño, ahora, debido en gran parte a sus altos índices educativos, genera tantos miles de empleos extras que necesitan de ayuda nicaragüense.
Lo que pareciera ser un programa social más es realmente un programa estratégico para el desarrollo de Nicaragua. Miles de niños y niñas nicaragüenses se convierten en analfabetas cada año y esto no puede ser.
Los muchos millones de córdobas que se ejecutan en el MECD a través del Presupuesto, están siendo de cierta manera subutilizados; la inversión educativa millonaria en escuelas, en textos, oficinas, etc., está siendo ineficiente —estructuralmente—, al no poder ser adecuadamente “absorbida”; la educación misma que se está tratando de impartir —sea esto el abecedario, el 4 + 7 o la multiplicación—, ya que un alto porcentaje de los estudiantes menores que atienden las escuelas públicas del país, especialmente en el campo y en primaria, llegan sin ingerir un desayuno adecuado a sus aulas de clase; por esta sencilla razón, por el hambre, no pueden absorber o asimilar adecuadamente la enseñanza que se pretende impartir. Y es hambre inmediata y desnutrición crónica lo que padecen; y hay otros miles de niños y niñas que ni atienden la escuela, en parte por ignorancia, por pobreza y por hambre.
¿Cómo empezar a resolver esta grave situación? Con un programa de nutrición escolar serio, que entregue alimentos en cada escuela, en todo el país, incluyendo la Costa Atlántica, sin faltar ni un solo día, de febrero a diciembre, todos los años, sea esto un vaso de leche o de cereal compuesto, junto con un alimento sólido, como la galleta escolar. Y podrían haber varios actores, con un programa regulado y sistematizado.
En cuanto al financiamiento, estoy seguro que con un programa eficiente, respaldado por una ley del Estado, con un gobierno actuando transparentemente, con la participación ciudadana activa, contaríamos con el apoyo generoso de organismos y países amigos, con los que de mutuo acuerdo, Nicaragua designaría más y más recursos —como resultado de la HIPC, pudiera ser—, para ir asumiendo de forma paulatina pero segura el compromiso de financiarlo como un programa de nación priorizado. El programa debe ser eficiente, entregando alimentos de alto valor nutritivo y bajo costo, con vitaminas y minerales y materia prima nacional, si fuera posible; debemos procurar brindar lo mejor en esta entrega alimenticia. Es decir, “sostenible por el país, para el país”, financiado “por el pueblo, para el pueblo.”
Considero sería importante respaldar este compromiso con la promulgación de una ley de merienda escolar simple y funcional, que institucionalice el programa, que garantice lo básico en calorías y nutrición para los niños y niñas de preescolar y primaria de las escuelas públicas del país, que son nuestro sector más humilde y vulnerable de la población y así brindar como país civilizado, igualdad de oportunidades para todos ellos.
Esta ley y el involucramiento ciudadano, con el apoyo del magisterio, las universidades apoyando técnicamente, junto con otros apoyos, ya que la educación debe ser tarea de todos, hará que el programa funcione año con año, sin interrupciones, independientemente de las autoridades educativas o del enfoque o prioridades del gobierno respectivo.
Nicaragua en el futuro nos agradecerá esta iniciativa, si tan sólo fuéramos capaces de hacerlo. Yo por lo menos, ya empecé y estoy dispuesto a continuar. ¿Y usted?
* El autor fue director del Programa de Nutrición durante la administración de doña Violeta B. de Chamorro y es Presidente de la Fundación ABC
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