Alfonso Efraín Castellón Ayón
No tuve el gusto de conocer o tratar a Carlos Guadamuz, ni tampoco la oportunidad de conversar con él. Sin embargo escuché dos o tres veces su programa Dardos al centro, el que se transmitía por Radio Corporación.
Terminaba de sintonizar el juego de beisbol de León-Estelí, cuando interrumpió la transmisión mi buen amigo Milo Gadea, quien hizo pública la terrible tragedia: un matón cobardemente disparaba cinco balazos a Carlos Guadamuz. Bueno, si no mal recuerdo él había advertido en uno de sus programas que responsabilizaba al FSLN en caso que le sucediera algo.
¿La verdad? ¡Nicaragua está de luto! El periodismo ha sido cruelmente castigado. La democracia vilmente atacada. La justicia debe brillar, investigando mediante un proceso limpio y transparente hasta llegar a fondo de este repudiable crimen.
Cada mártir produce nuevos héroes y la semilla de su sacrificio germina en la conciencia de quienes tenemos el derecho a decir, pensar y expresar nuestra opinión. No pueden atemorizarnos personas sin escrúpulos para doblegar y someter nuestra voluntad a sus caprichos de poder. El terrorismo político o el crimen organizado deben tener su merecido. ¿Vamos a tener que andar armados los ciudadanos que no creemos en los políticos sucios?
¿Tendremos que defender a sangre y fuego de metralla la democracia?
Yo quisiera cerrar mis ojos con la seguridad de que mis hijos, nietos y su descendencia viven en un país libre, seguro y en pleno ejercicio de sus derechos civiles. Solamente el Estado de Derecho puede permitir esto.
Hago un llamado a las autoridades civiles y militares para que se investigue este espantoso asesinato. Me solidarizo con ese atormentado hijo que vimos desesperado pidiendo a su padre que no se fuera, e igualmente con la familia adolorida que hoy pasa a guardar luto riguroso por la muerte de su valiente deudo.
Necesitamos una Nicaragua libre del odio cavernario que engendran las pasiones de los fanáticos militantes de los partidos políticos. Pido al Todopoderoso que aplaque a estos chacales y los convierta en seres pensantes y compasivos con sus semejantes.
No pueden los cobardes atemorizar a un pueblo que está cansado de tanto atropello, abusos políticos, injusticias y ahora asesinato por encargo. En lo personal no me siento con el derecho de acusar a nadie específicamente, porque como estudioso del derecho debo analizar antes los resultados del proceso penal que se lleve en el juicio que deberá afrontar el asesino.
Pero la perspicacia me indica que hay algo feo detrás de este atroz crimen. No podemos olvidar fácilmente esta afrenta al periodismo nacional. El luto debe cubrirnos a todos y bajo ninguna circunstancia perder de vista las resultas del juicio.
Sólo Dios tiene el derecho de quitarnos la vida. Policía Nacional, Fiscalía y Poder Judicial, tienen un gran reto. La sociedad civil debe pronunciarse enérgicamente. Es el momento de definir posiciones. No cabe duda que este vil asesinato tendrá sus consecuencias. Hay que detener a tantos delincuentes y aplicarles todo el peso de la ley.
El autor es abogado y notario