Avil Ramírez
Los nicaragüenses hemos sufrido suficiente. Stalin dijo alguna vez que “el asesinato de una persona es una tragedia; el asesinato de miles de personas, una estadística”. Yo no pienso ni pensaré nunca de esa forma.
El martes de esta semana fuimos testigos nuevamente del odio y la venganza que enlutó a una familia nicaragüense y al periodismo nacional. Carlos Guadamuz fue asesinado. Probablemente, quienes tuvieron el valor —si es valor asesinar a una persona— no estaban de acuerdo con sus ideas o pudieran existir otras razones que no conocemos.
Carlos Guadamuz era una persona controversial y tal vez hasta exagerado al expresar sus ideas. Pero, cualquiera que haya sido el motivo que originó su muerte, es repudiable. Eso no es lo que necesitamos en Nicaragua para resolver nuestros problemas.
Todos podemos pensar diferente. Tenemos ese derecho que hemos conquistado después de muchos años de opresión e innecesarias luchas intestinas. En la nueva Nicaragua que queremos construir, ya no tiene ninguna justificación arrebatar la vida de una persona por mayúscula que sean las diferencias que inspiren actos criminales. Ya han muerto suficientes nicaragüenses para seguir lamentando crímenes insensatos.
Las primeras reacciones de la ciudadanía han sido muy difíciles de interpretar, tal vez por los apasionamientos políticos a que estamos acostumbrados. Creo que no es justo culpar a nadie en particular hasta que las autoridades correspondientes no lleguen a esclarecer el asesinato.
Nunca simpaticé con las ideas de Guadamuz, pero creo firmemente que él tenía derecho a pensar como quisiera. Ésa es la esencia de la democracia y de la libertad.
En los próximos meses los nicaragüenses nos someteremos nuevamente a un ejercicio electoral que pondrá a prueba la voluntad de nuestro pueblo por resolver las discrepancias a través del ejercicio cívico que hemos alcanzado.
El asesinato de Carlos Guadamuz tiene que ser una campanada de alerta para que en ese proceso eleccionario que se avecina no exista más violencia.
La imagen de Nicaragua ha cambiado enormemente en el exterior y tragedias como la que ocurrió, no deben ser los titulares de los periódicos ni el contenido de las noticias que se difunden en el exterior, dañando la imagen de la nueva Nicaragua.
En nombre de esa libertad y la paz alcanzada: ¡Basta ya de violencia!
El autor es secretario personal del Presidente de la República