Násere Habed López*
Los maestros nicaragüenses merecen respeto y profunda gratitud. Tenemos con ellos una deuda histórica difícil de saldar, una deuda que va más allá de nuestro reconocimiento por su meritoria labor docente.
Desde los albores de la Independencia, hasta nuestros días, los maestros han sido los actores principales en la conquista de la independencia, en la defensa de la soberanía y en la construcción de nuestra cultura.
Maestros nicaragüenses eran Máximo Jerez y Miguel Larreynaga, próceres de la Independencia y próceres también de la renovación de la educación en Centroamérica.
Maestros fueron Emmanuel Mongalo y Benjamín Zeledón, que ofrendaron sus vidas en defensa de la soberanía, amenazada por la intervención extranjera.
Maestros fueron Ricardo Morales Avilés y Miguel Bonilla Obando, quienes murieron luchando por sus elevados ideales revolucionarios.
Maestros de amor y caridad se consagraron los religiosos nicaragüenses, presbítero Tomás Ruiz, monseñor Nicolás Antonio Lezcano y Ortega, presbítero Remigio Casco y las santas siervas de Dios, Sor María Romero y Madre Albertina Ramírez.
Maestros fueron los grandes humanistas nicaragüenses, Salvador Mendieta, adalid de la Unión Centroamericana; Santiago Argüello, guía de la juventud; Mariano Fiallos Gil, rector de la autonomía y del cambio; Edelberto Torres, el gran maestro dariano; y Apolonio Berríos, el médico de los pobres.
Maestros fueron los grandes astros de nuestra literatura, Azarías H. Pallais, Luis Alberto Cabrales, José Coronel Urtecho, Salomón de la Selva, Pablo Antonio Cuadra, Carlos Martínez Rivas y Fernando Centeno Zapata.
Como apóstoles de la educación se consagraron: el maestro Gabriel Morales, las hermanas Osorio (las Osorito), Josefa Toledo de Aguerri, Elena Arellano, Leonidas Fletes, Buenaventura Martínez, Gregorio Juárez, Carlos A. Bravo, Leonor García vda. de Estrada y María Berríos.
Impulsadores vigorosos de las ciencias fueron los maestros Miguel Ramírez Goyena, Luis H. Debayle, Francisco Paniagua Prado, Concepción Palacios, Juan José Martínez Palacios, Modesto Barrios, Alejandro Dávila Bolaños, Roberto Calderón y Mario Flores Ortiz.
Renovadores del arte, la educación y la cultura nacional fueron los maestros Luis A. Delgadillo, Modesto Armijo, Julio Padilla, Juan de Dios Vanegas, Alfonso Valle Candia, Rodrigo Peñalba, Leopoldo Serrano, Alberto Bendaña, Alberto Gutiérrez, Humberto Arauz Mairena, Antioco Sacasa Sarria, Julio Vega, Guillermo Rosales, Miguel Ángel Avilés y Fidel Coloma, nacionalizado nicaragüense.
Maestros son los miles de hombres y mujeres nicaragüenses que en el campo y en la ciudad están entregados a la sublime tarea de guiar almas y formar ciudadanos dignos.
Nuestra sociedad no ha honrado la inmensa deuda de gratitud que tiene con sus maestros. Ni siquiera existe en el Ministerio de Educación, ni en ninguna parte, una galería de maestros ilustres, a diferencia de los deportistas, que tienen su Salón de la Fama.
Por el contrario, cada día se deteriora más la imagen social del maestro nicaragüense. El magisterio es considerado una profesión de bajo perfil, con salarios miserables que no alcanzan a cubrir las necesidades básicas de la familia del docente y un trato social que no corresponde a su dignidad y grandeza.
¡Habráse visto tamaña ingratitud, Sancho amigo!
* El autor es catedrático universitario