José Antonio Poveda Salvatierra*
Roman, Times, serif»>Opinion económica
Desarrollo humano, ambiente y el orden internacional
José Antonio Poveda Salvatierra*
Desarrollo humano y ambiente son actualmente temas
dominantes en el debate sobre las relaciones internacionales. Ambos convergen en el concepto del desarrollo sostenible o sustentable. Se trata de elevar la calidad de vida de las presentes generaciones sin amenazar el bienestar de las venideras. Diversas comisiones han elaborado importantes estudios sobre estas materias, tanto en el ámbito mundial como en el interamericano. La repercusión que varios de ellos han alcanzado revela el progresivo reconocimiento de la existencia de una nueva realidad mundial. Se advierte, en efecto, una atención creciente de la opinión pública sobre los problemas que plantean la pobreza extrema y el deterioro ecológico.
Los estudiosos son obra de personas representativas de los medios políticos, académicos y empresariales, y muestran una multiplicidad de experiencias y perspectivas ideológicas. Revelan, sin embargo, un alto grado de coincidencia en los principios generales que sustentan y en las propuestas que formulan. Se advierte, en efecto, la formación de un consenso sobre el desarrollo sustentable. Todas las obras tienen un espíritu optimista y postulan estrategias reformistas para alcanzar los objetivos que proponen. La humanidad “tiene el poder de reconciliar los asuntos humanos con las leyes naturales y prosperar simultáneamente. Nuestras tradiciones culturales y espirituales pueden reforzar nuestros intereses económicos e imperativos de supervivencia.
Los estudios a que hace referencia coinciden en los siguientes puntos centrales:
Los problemas son globales, trascienden las fronteras nacionales. Los estrictamente ambientales-la destrucción de la capa de ozono, los cambios climáticos, la lluvia ácida, la pérdida de biodiversidad y el destino de los residuos tóxicos –no están encerrados en las fronteras de cada país, sino que afectan a todo el planeta; por tanto, “en la búsqueda de soluciones ambientales deben participar todos. Lo mismo sucede con los problemas planteados por las migraciones, el crecimiento demográfico, las drogas, la proliferación de armas convencionales y nucleares y la violencia en varios puntos del planeta. Las amenazas a la seguridad y la paz son globales y comprometen a todos los integrantes del sistema internacional.
Los problemas están interrelacionados y son interdependientes: “No existe crisis separadas: una crisis ecológica, una crisis del desarrollo o de la energía. Todas ellas son una sola. Los desafíos son a la vez interdependientes e integrados y reclaman un tratamiento global y la participación popular.” De este modo, el atraso y la pobreza extrema son problemas que comprometen a todos los países. Incumben a todos por sus efectos en el deterioro ambiental, las migraciones o la generación de conflictos armados que amenazan la seguridad internacional.
El ser humano debe ser el destinatario del desarrollo; su bienestar debe ser el objetivo central de las políticas nacionales y las relaciones mundiales. El desarrollo humano implica ampliar las oportunidades de una vida prolongada y saludable, de educación y acceso a los recursos necesarios para tener un nivel de vida decente. Esto significa mejor nutrición y servicios médicos, mayor acceso a los conocimientos, vidas más seguras, mejores condiciones de trabajo, protección contra el crimen y la violencia física, horas de descanso más gratificantes y un sentimiento de participación en las actividades económicas, culturales y políticas de la comunidad. El desarrollo debe centrarse en el pueblo. La bondad de las políticas nacionales y el comportamiento del sistema internacional deberían evaluarse por sus efectos en el desarrollo humano, el cual incluyo la protección.
El desarrollo económico no garantiza el del ser humano. Los estilos de desarrollo de los países destruyen los recursos naturales, contaminan el ambiente y empobrecen la calidad de la vida. El desarrollo humano exige aumentar la oferta de bienes y servicios para elevar el bienestar y generar empleo. Pero también incluye otras variables críticas como la distribución del ingreso, la salud y la educación: La mejor manera de promover el desarrollo humano es incrementar el ingreso nacional y asegurar un estrecho vínculo entre el crecimiento económico y el bienestar. La promoción del desarrollo humano y la protección de la naturaleza no imponen límites al crecimiento económico sino que lo orientan en el sendero del desarrollo sustentable.
Los obstáculos al desarrollo humano y la preservación del ambiente no radican en la escasez de recursos sino en el comportamiento político de los países y del sistema internacional. La humanidad tiene la capacidad de lograr el desarrollo sustentable. La tecnología y la organización social se pueden administrar y mejorar para inaugurar una nueva era de desarrollo económico. La pobreza ha dejado de ser inevitable. La tecnología y los recursos disponibles permitirían eliminar la pobreza extrema y la ignorancia, elevar la calidad de vida en todo el planeta y preservar la naturaleza para las generaciones actuales y futuras.
Existen, sin embargo, interrogantes importantes sobre el efecto de las tendencias y políticas actuales en el desarrollo humano y la protección del ambiente. Sobre ésta existe mayor conocimiento entre la opinión pública. Y los gobiernos admiten la magnitud de los problemas. Pero, al fin y al cabo, si no se progresa en la erradicación de la pobreza, el saneamiento urbano y demás áreas que influyen en la calidad de vida, no será posible avanzar, como hace falta, hacia las metas estrictamente ambientales. Por otro lado, el aumento de la pobreza crítica en los últimos años y el deterioro de los servicios sociales básicos en varios países implican un empobrecimiento de los recursos humanos y de su aporte al proceso de desarrollo.
No podría existir una participación eficaz en los beneficios y apoyos que resulten de un nuevo orden internacional sin asumir compromisos reales respecto del desarrollo humano y la protección del ambiente. Estos no deberían referirse a las políticas de los países, ya que la capacidad de instrumentarlas y ejecutarlas es la esencia del derecho de autodeterminación, de elegir el propio camino. Más bien deben vincularse a las metas que se deben alcanzar en indicadores concretos de salud, educación, distribución del ingreso, ejercicio efectivo de la libertad, respeto de los derechos humanos, preservación del hábitat y otros componentes esenciales del desarrollo humano y la defensa de la naturaleza.
Los indicadores del PNUD son una contribución importante para cuantificar los objetivos buscados y, consecuentemente, precisar los compromisos que los países asumirían en un nuevo orden internacional.
* El autor es Vicedecano. Facultad de Derecho. UNANA-León, Catedrático de Derecho Internacional.
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