Vaso de leche y “ayudadicción”

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Vaso de leche y “ayudadicción”





En Nicaragua, el apoyo alimentario a niños que asisten a las escuelas públicas comenzó en 1950, como un programa del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF): una ración de leche en polvo, mantequilla y queso. Y como no había tantas escuelas públicas como ahora y las rurales eran muy pocas, el programa beneficiaba a casi toda la población escolar.

El apoyo alimentario a los estudiantes de primaria en educación pública desapareció durante un tiempo, pero fue restablecido por el Gobierno de la señora Violeta Barrios de Chamorro. En esta nueva época democrática la ración asignada a los niños beneficiados con el programa de la alimentación escolar, ha consistido en un vaso de leche líquida o en polvo, en otros casos la galleta alimenticia, e inclusive, en algunos lugares víveres con los que se prepara la alimentación de los escolares.

Pero no es únicamente en Nicaragua que existe este programa del vaso de leche y otras formas de alimentación escolar. Prácticamente en todos los países pobres se hace lo mismo, con apoyo de organismos internacionales y países donantes. Y con este programa se persigue el doble propósito de mejorar la alimentación de los niños y atraerlos a las escuelas para disminuir el analfabetismo y contener la deserción escolar.

Además, el programa de alimentación escolar no es sólo para aliviar la pobreza y mitigar el hambre de los niños pobres. En los países ricos también se practica, sea porque los niños bien alimentados aprenden más y mejor, o porque de esa manera se apoya a los padres que trabajan y no tienen tiempo para preparar los desayunos y almuerzos de los hijos que van a la escuela. En Estados Unidos, por ejemplo, en las escuelas se sirve a los escolares desayuno y almuerzo gratuitos; los menús se varían con la aprobación de nutricionistas y son anunciados a diario por los medios de comunicación, para que los padres sepan qué comerán sus hijos cada día en la escuela.

Volviendo al caso del programa del vaso de leche escolar para cuatrocientos mil niños durante cien días del año, que fue financiado por Japón y terminó el año pasado, es obvio que se trataba más bien de un subsidio indirecto con fondos externos a los productores para el período de tres meses de sobreproducción llamado “golpe de leche”. Por eso es que sólo funcionaba durante los tres meses de sobreproducción lechera.

Pero el apoyo alimentario a los escolares no debería subordinarse a ningún programa de política económica propiamente dicha. Si los lecheros necesitan subsidios estatales, igual que todos los demás productores, el Gobierno debe buscar los medios apropiados para subsidiarlos sin revolver una cosa con la otra, porque la gente termina sin Beatriz y sin retrato.

Además, no es posible ni decoroso depender de la ayuda externa para todo y de manera indefinida, pues de manera inevitable llega el momento en que se termina —por la razón que sea—, y también porque es insano vivir dependiendo de lo que regalan países y gobiernos amigos.

Desde los primeros años de la década del sesenta del siglo veinte, en tiempos del gobierno estadounidense del presidente John F. Kennedy que aplicó el programa de ayuda a América Latina y el Caribe, llamado Alianza para el Progreso, se estableció que la mejor forma de ayudar a los pobres —personas y naciones— es enseñándoles a pescar, y la peor regalándoles el pescado. Es decir, que hay que enseñarles a trabajar y producir, no darles la comida, porque esta forma de ayuda se convierte en adicción y quienes la reciben terminan perdiendo la dignidad y creyendo que los demás están obligados a ayudarles para siempre.

En realidad, es indecoroso que la comunidad internacional tenga que financiar el vaso de leche escolar, y subsidiar directa o indirectamente a los productores para que no boten la “excesiva” producción de alimentos, mientras que, por ejemplo, el Estado de Nicaragua paga a sus funcionarios medios y superiores sueldos que son de los más altos en el hemisferio occidental; y regala a los diputados decenas de millones de córdobas para que financien su proselitismo político, en vez de asignarlos al programa del vaso de leche escolar.

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