don Julio Salmerón, de cien años, carga a su tataranieto Marcos Adrián Pérez Zelaya, de un mes de nacido.

Un hombre de cien años

Al celebrar su centenario, don Julio Salmerón estuvo rodeado de la mayoría de sus cien descendientes Arlen Pérez [email protected] Rodeado de su familia celebró Julio Salmerón Herrera su centenario. Su descendencia: 12 hijos, 28 nietos, 49 bisnietos y 11 tataranietos (100 en total, más los que faltan por llegar). De acuerdo a sus descendientes, la […]

  • Al celebrar su centenario, don Julio Salmerón estuvo rodeado de la mayoría de sus cien descendientes

Arlen Pérez [email protected]

Rodeado de su familia celebró Julio Salmerón Herrera su centenario. Su descendencia: 12 hijos, 28 nietos, 49 bisnietos y 11 tataranietos (100 en total, más los que faltan por llegar). De acuerdo a sus descendientes, la razón por la que “Papito”, como le llaman con cariño, llegó a esta edad aún lleno de vida, es porque no fumaba, no tomaba ni tenía aventuras amorosas y sobre todas las cosas porque amaba a su familia.

Don Julio nació en León el 11 de febrero de 1904. Se caso con Zoila Chávez Núñez, ya fallecida, y procrearon doce hijos, seis mujeres y seis varones. Actualmente viven nueve de ellos, cinco mujeres y cuatro varones. “Él contaba que a la edad de 18 años se traslada a Managua y se casa con mi mami a la edad de 21 años”, dijo Consuelo Salmerón Chávez, la sexta de los hijos de don Julio.

Agregó que otra de las razones por las que logró llegar a cargar a sus tataranietos es porque fue un joven muy activo, caminaba, andaba en bicicleta, hasta para ir a hacer visita, y era aficionado al beisbol, además era muy trabajador.

“En su juventud era un hombre extraordinario, tenía una habilidad única para trabajar de todo, fue carpintero originalmente, fue ebanista, le hacía a la albañilería, fue maestro de obras”.

Don Julio conversa muy bien con sus hijos y aunque en ocasiones las historias se le cruzan, ellos logran concluir que fue un buen cristiano, que amaba a sus hijos y sobre todo a su esposa.

“Como fue un buen cristiano ha tenido tantos momentos felices que no podría enumerarlos. El momento más triste para él creo que fue cuando murió mi mamá, todos tratamos de minimizar su dolor y él lo logró superar”, relató María Teresa Salmerón, la segunda hija del matrimonio.

Los jóvenes por su parte sienten que es emocionante tener a “Papito” con ellos. “Es emocionantísimo porque ‘Papito’ siempre cuenta historias, ahora se le cruzan, pero son muy interesantes. La que me gusta es la de cómo conoció a mamita en unas fiestas agostinas”, dijo Yolanda Salmerón, una de las nietas del festejado.

Aunque no habla mucho, a don Julio se le nota una picardía y viveza como si fuera un chavalo. Dijo estar “muerto de la risa” al celebrar sus cien años y luego de cargar a sus tataranietos dijo: “Me gustan los niños, pero las niñas me gustan más”.

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