La lección de Japón

Douglas [email protected]

Sería lamentable que los ganaderos nicaragüenses vuelvan a botar la leche en los ríos, durante el invierno, mientras 400 mil niños necesitan ese alimento en diferentes colegios.

Ahora que Japón cerró la ayuda económica para el Programa del Vaso de Leche, millares de niños podrían abandonar los estudios, porque en las comunidades empobrecidas ellos se interesan más en la escuela si allí les dan algo de comer.

Cuando supe que se acababa el financiamiento externo para darle la leche a los 400 mil escolares durante tres meses, pensé que el Gobierno destinaría de inmediato algún fondo del presupuesto nacional para garantizarles el complemento nutricional.

Luego me percaté que el Gobierno nunca tuvo la iniciativa de ayudar a los niños con ese programa, sino que fue obligado a realizarlo por presiones de la Cámara Nicaragüense del Sector Lácteo (Canislac), según dijo un ganadero a LA PRENSA.

Quizás por eso el Ministro de Educación, Silvio De Franco, respondió que el Programa del Vaso de Leche continuará si aparece otro gobierno u organismo internacional que done dinero con ese fin. Después sugirió que, por ser muy costoso el vaso de leche, sería mejor repartir queso a los estudiantes.

Tengo la impresión que esos escolares, desnutridos o a punto de serlo, siguen fuera de las prioridades del Gobierno de Nicaragua y volverán a recibir la leche si se compadecen de ellos en otro país.

Los ganaderos tuvieron razón al presionar al Gobierno para que les comprara la leche que les sobra en la época lluviosa, porque es preferible venderla a tres córdobas por litro antes que derramarla en los ríos.

Fue así que ocho mil ganaderos pudieron colocar cada día 50 mil litros de leche que antes botaban y percibieron 150 mil córdobas diarios. Su presión fue correcta, a favor de la producción láctea, y de paso ayudaron a niños muy pobres que tal vez llegaban a la escuela sin desayunar.

Para el Gobierno nicaragüense todo estuvo bien mientras Japón pagó la cuenta de la leche, pero ahora que éste decidió cortar la ayuda, la actitud de las autoridades ha sido estirar la mano en busca de otro donante, en vez de revisar los fondos estatales.

Hacen falta tres millones de dólares (más de 47 millones de córdobas) anuales y para conseguirlos bastaría, por ejemplo, con reducirle mil dólares al salario de 250 funcionarios del Estado que ganan más de cinco mil dólares mensuales.

El Ministro de Agricultura, Augusto Navarro, dijo que desde el inicio Japón advirtió al Gobierno nicaragüense que fuese asumiendo el financiamiento del “vaso de leche”. Sin embargo, pasaron dos años y la ayuda se acabó.

En un país pobre que quiere superarse “la justicia vende su espada y compra un libro” y “transforma sus cuarteles en escuelas”, escribió una vez el poeta Pablo Antonio Cuadra. ¿Por qué no, entonces, ajustar los gastos de la burocracia estatal, para nutrir a los estudiantes más pobres?

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