Luis Sánchez S. [email protected]
Al parecer es muy posible que al ex presidente Arnoldo Alemán le perdonen la sentencia a veinte años de presidio a la que fue condenado, y que también lo limpien de todas las acusaciones por las cuales fue condenado, mediante una amnistía que, como se sabe, significa perdón de la pena impuesta a un reo generalmente político y olvido de sus delitos y de las circunstancias en que los cometió.
Dice el enciclopedista jurídico Guillermo Cabanellas que el vocablo amnistía procede “de uno griego parecido con el significado de olvido, amnesia o pérdida de la memoria”.
En efecto, prácticamente todas las palabras relacionadas con la memoria se originan de la voz griega mneia. Y ésta, con el prefijo negativo a, forman la palabra amneia, que significa olvido, o sea que no hay ningún recuerdo o memoria de lo pasado.
Los antiguos griegos usaban la palabra amneia no sólo en el sentido físico, de pérdida de la memoria, sino también con un valor político, en el sentido de olvidar agravios y perdonar ofensas. Y como ellos tenían divinidades principales, secundarias o alegóricas para prácticamente todos los aspectos de su existencia, también contaban en su panteón con una diosa de la memoria: Mnemosina, hija de Urano (el Cielo) y de Gea (la Tierra), y a su vez madre de las nueve Musas.
Mnemosina moraba en una cueva sagrada del monte Citerón. De allí manaba Leteo, el río del Hades o Infierno que desembocaba en una laguna del Infierno, en la que las sombras (almas) de los muertos bebían de sus aguas para olvidar todo lo que habían hecho en vida.
Zeus, tan enamoradizo como era, se prendó de Mnemosina y la poseyó en la antes mencionada cueva del Citerón durante nueve noches consecutivas, engendrando de este modo a las Musas (Calíope, de la poesía épica; Clío, de la historia; Erato, de la lírica; Euterpe, de la música; Melponeme, de la tragedia; Polimnia, de la pantomima; Talía, de la comedia; Terpsícore, de la danza; y Urania, de la astronomía).
Por otro lado, hasta principios del siglo XX de nuestra Era Cristiana la gente ilustrada solía decir que la persona beneficiada con la amnistía bebía de las aguas de Leteo, el río del Olvido, el cual tomó su nombre de la diosa del mismo nombre, madre de las Cárites o Gracias, hija de Eris (diosa de la Discordia, hermana de Ares o Marte, la misma que durante la boda de Peleo con Tetis lanzó entre las diosas del Olimpo la manzana de la discordia, provocando así la guerra de Troya). El río del Olvido, Leteo nacía de una fuente de la gruta donde moraba Hipno (Somno en la mitología romana), que era el dios del sueño.
Según otra versión mitológica, junto a la gruta oracular de Trofonio (el hijo sagrado de Apolo), en el bosque que circundaba a la ciudad de Lebadea, manaba una vertiente también llamada Mnemosine (Recuerdo o Memoria), de cuyas aguas tenían que beber quienes llegaban a consultar al oráculo, para poder tener acceso a la revelación.
En la fuente Mnemosine se originaba Leteo, el río del Olvido que desembocaba en el mundo subterráneo, el Infierno, como llamaban los antiguos griegos al lugar donde iban las sombras o almas de todos los muertos, independientemente de cómo se comportaron en vida.
O sea que sólo después de muertas las personas se podían olvidar sus hechos, no mientras estuvieran con vida.