Edgard Rodríguez C. ENVIADO ESPECIAL/ SANTO DOMINGO [email protected]
Cuatro años después de haber sido firmado por 725 mil dólares por los Bravos de Atlanta, Gonzalo López debería estar en línea directa hacia las Grandes Ligas.
En lugar de eso, irá a pelear un espacio en los Pelícanos de Martlybeach, el club Clase A alta de esa organización, cuyo campamento primaveral está en Orlando.
Dotado de un espectacular instrumental físico, que incluye una recta sobre 93 millas por hora y una terrible curva, López parecía un seguro big leaguer a la vuelta de tres años.
Sin embargo, el inesperado retraso ha sido provocado por diversas causas, entre ellas una lesión en el hombro y una indisciplina constante que obligó una suspensión.
Durante los últimos veinte días, Gonzalo estuvo en San Francisco de Macorís, República Dominicana, sometido a una rehabilitación. Y ayer, regresó a Nicaragua.
“Estuve poniéndome en condiciones y soltando un poco el brazo. Pienso que la tendonitis que me afectó ha sido superada, pero aún tengo cierto temor”, admite.
Gonzalo se ve fuerte y espigado, lleno de entusiasmo y con fe en que podrá recuperar el ritmo, pero sobre todo, asegura haber madurado y espero demostrarlo.
“Además de la lesión, no he ido rápido por mi indisciplina. Tengo que reconocer que me sentía dueño del mundo y me puse malcriado. Ahora soy otro”, dice.
Los constantes reportajes sobre su promisorio futuro, el inmenso bono y el tratamiento de carácter especial que recibía, le hicieron creer que estaba por encima de todo.
“Verme en el Baseball América, sentir que los Bravos me andaban casi chineado me hizo perder la perspectiva y no hacía caso. Al final, me suspendieron”, reconoce.
Lo esencial, es que Gonzalo asegura percibir lo ocurrido como una advertencia, como un serio aviso sobre lo que podría pasar con él si no hace un cambio al instante.
“Aprendí la lección y creo que ahora verán a un Gonzalo serio en su trabajo y con todo el entusiasmo por llegar a las Grandes Ligas”, señala con firmeza.
La estadía en San Francisco de Macorís, le permitió a Gonzalo ver casi a diario a Marvin Benard, firmado por los Medias Blancas y quien jugó aquí con el Cibao.
“Es tremenda persona y nos dio (a él, a Wilder Rayo y Luis Obando) muchos consejos. A los muchachos les consiguió guantes y nos trató con mucho cariño”, asegura.
El 26 de febrero próximo, Gonzalo debe viajar a Orlando, Florida, al campamento de los Bravos. Su mira no está puesta en los Pelícanos, sino en el Greenville, Doble A.
Veremos si el “bonus´s baby” es capaz de colarse ahí.
¿Y EL DINERO?
El bono por el cual fue firmado Gonzalo López, 725 mil dólares, sigue siendo el récord para un jugador pinolero.
“Aún hay algo en la cuenta”, dice Gonzalo, quien transformó drásticamente su casa, tiene una camioneta y un carro deportivo.