- En los últimos años el comercio a cargo de árabes y sus descendientes nicas han “invadido” una de las principales calles del enorme Mercado Oriental de Managua
Amparo Aguilera [email protected]
Lo suyo, es el comercio a tal punto que ese oficio lo convierten en un arte, que heredan de generación en generación. Lo que hace pensar que el hacer negocios, lo llevan en la sangre.
Aunque realmente sea un quehacer que data desde antes de Mahoma, su dios, a juicio de muchos historiadores, donde aparte de la agricultura echaban mano al comercio, para sobrevivir.
Verdad o mentira, lo cierto es que su habilidad para hacer negocios no pasa inadvertida en ningún mortal. Pues además de mantener su capital, con transacciones comerciales en las que obtienen precios más bajos que el real para su mercadería; los árabes garantizan sus utilidades tras las ventas directas con los consumidores.
Y prueba de ello, es la generación de ese pueblo que se observa en el Mercado Oriental de Managua, donde hoy día se les ve negociando telas, al igual que sus antepasados, pero conjugándolas con otras ofertas que incluyen todo tipo de accesorios, desde cintillos para el cabello hasta medias.
Fahmi M. Hassan, uno de los comerciantes de más edad, comenta que en el Oriental existen alrededor de 15 tiendas de árabes. Aunque la comunidad nativa llega a 100 personas a nivel nacional.
EL SECRETO
Cuenta que los apellidos que predominan en el mercado son los Khatib, cuyo apellido significa orador; los Hassan, apellido que en árabe es similar a “buena vibra”. Es decir a algo que hace las cosas buenas; y Shihab, que es sinónimo de un rayo de luz.
Todos con su religión y costumbres en pie. Aunque asegura que se acercan y respetan los hábitos locales, aunque para los negocios privilegian la fe nativa donde rigurosamente prevalece la honradez, ya que la fuente de alimento para la familia, es algo sagrado. De manera que la religión, ayuda.
Hecho que a su juicio los hace permanentes, como sus antecesores, en el comercio, “porque nuestros proveedores saben quiénes somos, y nos tienen confianza”, señala.
Pero ese no es el único secreto, para mantenerse en el mercado y ser “buenos” al negocio, pues ellos toman riesgos; saben tratar a la gente; dedican hasta los domingo a su quehacer; ahorran más del 50 por ciento de su ganancia y se actualizan en cuanto a preferencias y a bolsillos.
Un buen ejemplo es el mismo Hassan. Él tiene 63 años y tres hijos, de los cuales los dos primeros ya poseen tiendas de telas instaladas, pese a que también tienen su profesión.
Hassan detalla que dedican 18 horas diarias a su labor. A la fecha importan telas desde Panamá y Centroamérica. Aunque hay tiendas que traen su mercancía desde el lejano Oriente, donde compran al contado.
Según dice, las transacciones se realizan a través de líneas de crédito que pueden variar según la tienda y las ventas. “Puede ser de 5,000 y 10,000 dólares o más”, refiere.
Cada importación generalmente se hace cada dos o tres meses. “Por ejemplo, a finales del año pasado se trajo mercadería entre octubre y noviembre, para abastecer en diciembre y enero. Luego tocará traer más durante el año”, explica.
EL TRAJÍN
Almuhtasem Khatib se une a la lista. Él es un joven comerciante cuyos progenitores, de origen palestino, arribaron hace 30 años al país donde siguieron la tradición del comercio, “porque la mayoría (árabes inmigrantes) de eso vivían en Nicaragua”, expone.
Recuerda que iniciaron vendiendo productos de fábricas. Y luego continuaron con telas, hasta hoy día. “Esto lo heredaron a sus hijos, y ya habemos algunos aquí (en el mercado) que hemos expandido el negocio con cosas nuevas desde hace dos años y nos tocará a nosotros heredar esto a nuestros hijos (como es costumbre en su pueblo)”, expresa.
Los Khatib tienen algunas de las tiendas que más concurren los 10,000 visitantes que a diario recorren el Oriental. El secreto, es que reinvierten y ofrecen mercaderías procedentes de Estados Unidos, Centroamérica, Panamá, China y Tailandia, accesible para los pobres.
“Porque entendemos que el 80 por ciento de habitantes son pobres, entonces les damos precios bajos y eso está funcionando”, expone. Pero para esto, compran al crédito, ofertas a grandes volúmenes, lo que les permite “regatear”.
“Por ejemplo si solicitamos una caja de calcetines colegiales, de 50 piezas, el proveedor nos los da, por pieza, a un dólar. Pero si nos arriesgamos y pedimos 10 cajas conseguimos un menor precio por pieza, que ya no se dará al cliente a 1.50 dólar, sino a un dólar. Entonces en el volumen está también la magia”, apunta.
LAS OLEADAS
Los árabes del Oriental comenzaron con las uñas, vendiendo telas de pueblo en pueblo, porque eso era lo único que sabían hacer.
Según Fahmi Hassan, el comerciante más veterano en ese mercado, la primer oleada llegó al país hace más de 100 años, con pasaportes turcos. De allí el sobrenombre de “turcos”.
La segunda oleada arribó después de la Primera Guerra Mundial, cuando entraron los franceses a Siria y Líbano. Y los ingleses a Jordania y Palestina.
La tercera oleada salió después de la invasión sionista judía, cuyo origen data de 1919. Aconteciendo la última oleada, a partir de la guerra de 1966 con la invasión israelí.
HURAÑOS A LOS MEDIOS
Los árabes del Oriental usualmente son tan huraños a los medios de comunicación, que cuando se requiere entrevistarlos hay que recurrir al más accesible para que hable con los demás y se pueda conversar con ellos. Lo que con excepciones se logra. Según ellos, esto se debe a que todo lo que dicen se tergiversa, especialmente cuando se trata de asuntos políticos.