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País “alemanizado”
Algunas personas consideran que Nicaragua está “alemanizada”, debido a que la mayor parte de las informaciones, actos de las instituciones del Estado y declaraciones de líderes partidistas giran alrededor de Arnoldo Alemán.
Es cierto. Pero a fin de ser justos hay que reconocer que el país también está “orteguizado”. O sea que la nación está atrapada por los intereses, maquinaciones y problemas de los dos caudillos y caciques, el liberal Alemán y el sandinista Ortega. Es más: tan penoso como ostentar el título de país extremadamente pobre y moroso —y alegrarse por eso—, es el fenómeno socio-cultural de que hasta en un noventa por ciento los ciudadanos votan de manera voluntaria y consciente por esos dos personajes que le han causado al país incontables e innegables daños.
Ésa es la realidad. Y tienen razón quienes dicen al respecto que es necesario “desalemanizar” Nicaragua para que los asuntos públicos comiencen a enfocarse y resolverse en función de los verdaderos intereses nacionales. Pero de igual manera y por las mismas razones también hay que “desorteguizar” a Nicaragua. El problema es, ¿cómo hacerlo?
Supuestamente los más indicados para hacerle ese beneficio a Nicaragua son los mismos liberales del PLC y sandinistas del FSLN. Ellos son los que sostienen en sus liderazgos a los dos caudillos, por la razón o motivo que sea, a pesar de que en ambos partidos hay personas suficientemente capaces de asumir su liderazgo.
El Partido Liberal Constitucionalista (PLC) tiene en sus filas figuras destacadas como —por ejemplo— el actual Ministro de Hacienda, Eduardo Montealegre, y el Vicepresidente de la República, José Rizo, quienes perfectamente podrían hacerse cargo del liderazgo liberal y hasta devolverle a su partido el prestigio que ha sido nuevamente atropellado por la corrupción y el servilismo arnoldista.
Y lo mismo se puede decir del FSLN, en el que existen los liderazgos sublimados de Alejandro Martínez Cuenca y Hugo Tinoco, a quienes mencionamos también sólo a título de ejemplo, pues lo más probable es que en ambos partidos mayoritarios haya más personas capaces de sustituir y de hacer un mejor papel que Alemán y Ortega.
La modernización y dignificación de ambos partidos —y de todos los que realmente existen en Nicaragua— es indispensable para que la democracia pueda funcionar apropiadamente. En primer lugar porque la existencia de partidos políticos bien organizados, vigorosos, transparentes y con liderazgos éticamente sustentados es una condición indispensable del sistema democrático. En segundo término porque la democracia requiere que no sólo hayan gobiernos estables sino también una oposición sensata y confiable. Y tercero porque también en el ámbito ideológico se necesita la diversidad y el balance —en este caso entre la derecha y la izquierda—, que funciona como un mecanismo de protección contra los radicalismos derechistas y ultra-izquierdistas.
Por otra parte, también la sociedad —es decir, los ciudadanos— deben poner lo suyo en el objetivo de “desalemanizar” y “desorteguizar” la política nacional, y en la medida de lo posible tratar de crear una alternativa partidista y gubernamental centrista, decente y genuinamente democrática. Lo cual no sería posible conseguirlo adoptando, como pretenden algunos, la llamada política del avestruz, es decir, no enfrentar el problema para resolverlo sino simplemente ignorarlo.
Aceptar esa propuesta claudicante significaría dejar que los corruptos sigan haciendo impunemente lo que quieran, pues ni siquiera tendrían que pagar con la vergüenza o la molestia de ser exhibidos en los medios de comunicación social y condenados por la vindicta pública, ya que la justicia institucional está dominada por ellos mismos y sólo simula castigarlos, si no es que los exime y perdona.
Sólo una sociedad sin valores ni principios puede dejar de indignarse y de protestar por la corrupción y las maniobras políticas, legislativas y jurídicas que se hacen, orquestadas por los caudillos, para que la corrupción descomunal que hubo durante el Gobierno anterior quede sin castigo. De manera que la “desalemanización” y la “desorteguización” de Nicaragua necesariamente tiene que empezar con la aplicación efectiva de la justicia y la ley a Arnoldo Alemán y demás corruptos.
Y este objetivo es la bandera que con valor cívico y sentido de dignidad deberían enarbolar las personas que dentro del PLC y del FSLN quieren asumir el liderazgo de sus partidos políticos.