Orlando Morales Navarrete
En una total falta de pertinencia académica la UNAN-Managua y el Minsa pretenden graduar a simples bachilleres en licenciados de Anestesia y Reanimación, sin ningún conocimiento éstos de las ciencias biológicas ni de las disciplinas biomédicas, es decir sin ser médicos. Esta decisión es un flagrante y perezoso desconocimiento de la ciencia médica, inconcebible acuerdo del Consejo Universitario de la UNAN-Managua publicado el año pasado en el listado de carreras aprobadas por el CNU. Este penoso gazapo académico ocurre en un momento de crisis y cuestionamiento de la universidad pública nicaragüense y no corresponde a los valores y criterios de los no consultados académicos de la universidad y las asociaciones profesionales médicas.
La Sociedad Mundial de Anestesiología y la Confederación Latinoamericana de Anestesiología han establecido que la anestesiología es un acto médico. Un médico anestesiólogo debe estudiar por siete años la medicina general, tres años más de especialidad en un hospital, hacer cuatro tesis de investigación y aprobar cuatro exámenes de grado a lo largo de sus estudios, para poder ejercer la profesión. La anestesiología es una especialidad médica polidisciplinaria y poliscópica ya que integra holísticamente disciplinas como la anatomía, la fisiología, la fisiopatología, la farmacología, la medicina interna, la cirugía, la biofísica, la hemodinámica, la teoría de sistemas, la medicina legal y la ergonométrica.
La política de graduar licenciados en anestesia sin el conocimiento previo de la medicina, es como hacer licenciados a los optometristas; a los técnicos en rayos X, licenciados en radiología; a los técnicos en citología, licenciados en patología; a las parteras, licenciadas en obstetricia. Usted, lector, ¿como paciente le gustaría que técnicos no médicos lo atiendan en la delicadísima acción de ser anestesiado, es decir de ser privado de su conciencia para no sentir dolor y lo operen?
En un país donde la colegiación profesional obligatoria es cuestionada por violatoria de los derechos constitucionales, donde para ejercer una profesión solamente se necesita un título universitario de cualquier universidad que le pague al CNU, otorga peligrosamente esta licenciatura facultades para administrar anestesia a un profano de la medicina. Es decir permite a un lego inyectarle a un paciente drogas médicas altamente letales. Es una patente de corso en contra de la medicina y la cirugía nicaragüense porque atenta contra la salud de los pacientes que pasan por la delicadísima área del quirófano.
El ejercicio de la profesión de médico anestesiólogo es una responsabilidad tan grande que en la inconsciencia que domina el acto anestésico el anestesiólogo representa al paciente y es el responsable de su vida y de sus derechos humanos.
En el relato de la Creación, Yavé hace casi todo el universo de la nada, con el omnipotente poder de su palabra “… y Dios hizo…”, pero al momento de hacer a Eva recurre a una figura que relata la primera anestesia registrada en la historia de la humanidad: “El Señor hizo caer al hombre en un profundo sueño y mientras dormía, le sacó una de las costillas y le cerró otra vez la carne”. (Gen: 2,21). Gran responsabilidad la de ese anestesiólogo. Antes de cortar la piel el cirujano, con ética y caballerosidad, pregunta al anestesiólogo si puede incidir el bisturí. Cuando sea operado estimado lector pida un médico anestesiólogo al médico más cercano, en su “noche anestésica”, al gran anestesiólogo que durmió y operó a Adán.
El autor es profesor universitario y presidente del Comité de Resucitación Cardiopulmonar de la Asociación Nicaragüense de Anestesia y Reanimación (ANARE)