Trascendencia permanente de José Martí

Inés [email protected]

La trascendencia de José Martí Pérez como el rocío de las mañanas. Siempre fresco.

A más de 150 años de su natalicio, uno mira a su alrededor y ante tanta realidad adversa, tanta miseria humana e intelectual, puede encontrar en su vida y su obra acicates para seguir adelante.

Sin idealizaciones y sin misticismos debe entrar uno a los umbrales martianos. Creo que lo primero es precisar un aspecto que casi nadie aborda: cómo era físicamente Martí. La mayoría de las personas que lo conocieron coinciden en afirmar que no era alto, sino de estatura normal, aproximadamente unos cinco pies y medio. Su complexión era delgada, aunque hacia los treinta años estaba algo más grueso nunca llegó a pesar más de unas 130 a 140 libras.

Lo que más llamaba la atención en él era su verbo elocuente y vibrante. El mismo Rubén Darío nos dice la impresión que le causara Martí: “Nunca he encontrado, ni en Castelar mismo, un conversador tan admirable. Era armonioso y familiar, dotado de una prodigiosa memoria, y ágil y pronto para la cita, para la reminiscencia, para el dato, para la imagen. Pasé con él momentos inolvidables, luego me despedí. Él tenía que partir esta misma noche para Tampa, con objeto de arreglar no sé qué preciosas disposiciones de organización. No le volví a ver más”.

Se habla de la vigencia martiana porque cuando miramos a nuestro alrededor y queremos analizar cualquier tema de nuestros días, podemos entrar a él desde la óptica martiana, por ejemplo ya desde 1891 en la Conferencia Monetaria Panamericana señaló las características fundamentales de lo que posteriormente se ha denominado dependencia económica. “Quien dice unión económica, dice unión política (…) Hay que equilibrar el comercio para asegurar la libertad (…) El influjo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en influjo político (…) el pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios”.

Una reflexión que nos puede ayudar a la hora de engancharnos en el carrusel de los llamados TLC.

Comercio y libertad son categorías que van unidas estrechamente según la óptica del poeta cubano.

Sin embargo aunque fue un crítico agudo del expansionismo y el imperialismo, y luchó contra el yugo español y se inmoló en Dos Ríos en pos de la independencia definitiva, Martí fue ante todo un humanista y en la dedicatoria a su hijo en el poemario Ismaelillo lo demostró fehacientemente al decirle: “Hijo: espantado de todo me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud y en ti”.

Esa confianza en la nobleza humana lo condujo a convertirse en lo que hoy es para todos nosotros: el poeta y el hombre ejemplar que se mantiene fresco como el rocío de la mañana.

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