El conflicto de las madres que trabajan

Carmela de Barbosa

De todo lo que una madre nueva siente, cuando se tiene que ir a trabajar y dejar a su niño al cuidado de otro, lo más frecuente es la culpa. Con frecuencia piensa que no está siendo una madre buena. En Nicaragua el porcentaje de mujeres que trabajan es cada vez mayor; unas porque son pobres, madres solteras, y otras por incrementar los ingresos del hogar. La madre se siente culpable por irse a trabajar, por lo que ella se está perdiendo con su hijo y por lo que el niño se está perdiendo también.

¿Qué tiene que hacer una madre para asegurarse de que la guardería o el pre-escolar donde quiere dejar a su niño es el indicado para ese efecto? Hay que ir y mirar, pasar un tiempo en el lugar. Lo primero que hay que mirar es cuántos adultos hay por niño. En niños de uno a dos años tiene que haber por lo menos un adulto por cada tres niñitos. Después mirar los detalles de seguridad. Lo más importante es ver si la persona encargada de los niños es sensible y está dispuesta a atender todas las necesidades del niño; si son pequeñitos observar ¿si le dan de comer cuando lo necesitan, si los hacen dormir a tiempo, o le cambian los pañales puntualmente? O van a su propia velocidad.

La madre que trabaja debe guardar suficiente tiempo y energía al final del día para agarrar a su niño, abrazarlo, acariciarlo y jugar con él.

El doctor Barry Brazelton en su libro Infants and mothers, dice que hay que considerar si el niño se presenta retraído o hiperactivo. El hiperactivo desde pequeñito es muy activo, muy exigente, de mucha intensidad; el retraído es tranquilo, pasivo; hay que estar alerta ya que es preocupante porque parece que no necesitara a nadie.

Es muy probable que un niño hiperactivo sea hipersensible y responda a un montón de estímulos que no puede manejar. Entonces se vuelve activo para descargar todos estos estímulos. Este niño necesita una atmósfera tranquila y alguien que no se excite con él, porque él se excitará aún más. Con un niño tranquilo hay que estimularle a que haga cosas que sea más independiente sin empujar demasiado, sino se retraerá.

Hay que reconocer un período normal de alteraciones en el comportamiento del niño, como el niño que roba de los 4 a 5 años, el que miente, o el que escupe la comida. ¿Cómo puede incidir sobre el niño si los padres no llegan a comprender que se trata de signos pasajeros y se ponen ansiosos o tratan de reprimirlos? Eso es lo que los padres hacen normalmente. Todas estas desviaciones son normales y si uno comprende su mecanismo se dará cuenta que ayudan a un desarrollo saludable.

Si las madres se aterran y reaccionan exageradamente, el niño percibe la ansiedad pero no entiende bien qué es lo que hizo mal; su tensión interna aumenta y se siente impulsado a repetir el comportamiento que se está tratando de suprimir y empieza el circulo vicioso. Cuando más lo repite el niño, más trata de tenerlo la madre. La mayoría de los niños se comen las uñas en algún momento, pero si uno está encima de ellos, lo refuerza, y lo seguirán haciendo. Es por eso que aconsejo a los padres que aprendan a observar y a escuchar a sus hijos, aprendan su comportamiento no-verbal, y aprendan lo que más puedan de ese hijo como individuo.

Los padres cometen errores porque se asustan en estas situaciones, no por falta de interés. Por eso la guardería o el pre-escolar elegido para compartir la educación de su niño debe de estar dotado de docentes que estimulen el razonamiento del niño a su nivel, elevándole poco a poco sus capacidades racionales, su autoestima, su identidad, su lógica; de esta manera se podrá incrementar el rendimiento académico de los niños de pre-escolar preparándolos integralmente para la etapa escolar.

La autora es médico y psicóloga.

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