El alcoholismo juvenil

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El alcoholismo juvenil





El Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) está impulsando una Campaña de Prevención de Venta y Consumo de Alcohol a Menores de Edad, con la colaboración de representantes o miembros de instituciones que de una u otra manera tienen que ver con este problema, incluyendo a empresas distribuidoras de cervezas y licores, y medios de comunicación social.

Se trata, sin duda, de una excelente iniciativa que toda la sociedad debería apoyar, pues el alcoholismo juvenil constituye un problema social que se agrava con el paso del tiempo, además de que la prevención del consumo de bebidas alcohólicas —y de drogas, por supuesto— es una parte sustantiva de la auténtica educación que necesita la sociedad nicaragüense.

Al respecto de esta campaña se ha conocido que a las autoridades de Policía se les dificulta o se les hace prácticamente imposible aplicar la ley que prohíbe los expendios de licor a menos de cuatrocientos metros de las escuelas y los templos, así como la venta de bebidas alcohólicas a los menores de edad. Al parecer, algunos o muchos dueños de esos establecimientos se escudan en el derecho a la libertad de empresa y argumentan que con sus negocios contribuyen al desarrollo del turismo y de la economía nacional.

Pero la ley hay que aplicarla sin contemplaciones. Hay que hacer respetar la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas a los menores de edad, y si es preciso la autoridad debe clausurar los establecimientos en los que se irrespeten las disposiciones legales.

No tenemos información estadística sobre la cantidad de jóvenes en general y escolares en particular que consumen bebidas alcohólicas y otras drogas más peligrosas. Pero es evidente que cada día son más los jóvenes que toman licor, por diversión o adicción.

En realidad el alcoholismo juvenil es un grave problema global. A comienzos del año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que el 5 por ciento de las muertes de jóvenes de 15 a 29 años de edad, en todo el mundo, está asociado con el consumo de alcohol. Unos 140 millones de personas son dependientes del alcohol en todo el mundo, y en esa cifra se incluyen cada vez más jóvenes inclusive de edad escolar. Aparte de que el sólo hecho de tomar demasiado es ya un serio problema, la ingesta de bebidas alcohólicas provoca el cuatro por ciento de todas las enfermedades y causa, además, entre el 20 y el 40 por ciento de los cánceres de esófago, hepatitis, epilepsia, accidentes de tránsito, agresiones y homicidios.

Regresando a la campaña que pretende impulsar el MECD contra el consumo alcohólico juvenil, es muy importante que a este esfuerzo se incorporen también los padres y madres de familias. Las familias, de cualquier tipo que sean, deben jugar un papel fundamental en la prevención del alcoholismo entre las y los muchachos. Dígase lo que se quiera decir acerca de las nuevas formas de la familia y sus roles en el mundo moderno, la verdad es que ni la escuela ni nadie puede sustituir a las madres y los padres en la educación primordial de los menores.

Aún sin tener conocimientos científicos sobre el complejo fenómeno de la transición de la infancia a la adultez, las madres y los padres que los han criado desde que nacieron comprenden mejor que nadie a sus hijos cuando éstos se encuentran en esa etapa crucial de su existencia —la adolescencia— en la que construyen su identidad y encuentran su lugar en la sociedad y el mundo. En esta fase del crecimiento de las y los muchachos es decisiva la confianza, la comunicación que madres y padres establezcan con ellos; y por muy rebeldes que sean los adolescentes, siempre terminan por saber —cuando se les sabe hablar y llegar a sus conciencias— que la preocupación de su madre o padre es la más genuina de todas las que se expresan a su alrededor.

La educación es la clave del resurgimiento moral y material de la sociedad nicaragüense. Y la lucha por la prevención del abuso con las bebidas alcohólicas, lo mismo que contra el consumo de drogas, es una parte fundamental del proceso educativo en la sociedad, en la escuela y en la familia.

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